¿Se imaginan un kétchup verde? ¿O unas papas fritas sin grasa? ¿Qué tal una lasaña Colgate? A pesar de lo innovadores que puedan llegar a ser, no se necesita ser un experto para saber que estos productos no funcionaron.
Es por eso que esas creaciones, y muchas otras, ahora se exhiben en el Museo del Fracaso, situado en el pueblo de Helsingborg, Suecia.
El psicólogo y curador Samuel West, de 43 años, es el creador de este curioso desfile de productos del pasado. La idea le vino a la mente cuando en unas vacaciones compró rápidamente el dominio del nombre en internet. “Sabemos que el 80% o 90% de los productos innovadores fracasan. Fracasan y nadie lee sobre ellos, ni los ve, ni siquiera se enteran de que existieron”, dijo West. “Y si hay algo que podemos hacer sobre estos fiascos es aprender de ellos”.
Muchos de los productos que se exhiben en el museo muestran los intentos de las empresas para diversificar su marca. Está el café BlaK de Coca Cola y el refresco Pepsi Crystal (sin colorantes). Claramente ninguno funcionó. O la emblemática marca de motocicletas Harley-Davidson que lanzó una loción en la 1990. “Los fanáticos de la marca la odiaron”, mencionó West.
El museo cuenta hasta con un producto del empresario más conocido del mundo y ahora presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. El juego de mesa “¡Estoy de vuelta y estás despedido!” del 2004 es parecido a un Monopoly, pero los jugadores utilizan piezas rotuladas con una “T” y los billetes tienen la cara de Trump.
El Museo del Fracaso también cuenta con unos productos de alta tecnología, como los Google Glass de realidad aumentada.
West comentó que las marcas que aparecen en el museo no quieren tener nada que ver con él.
El Museo del Fracaso abrió ayer 7 de junio y cerrará sus puertas a principios de septiembre. La entrada cuesta aproximadamente 11 dólares.
