Un modesto museo policial con objetos del jefe histórico del sanguinario Sendero Luminoso, Abimael Guzmán, refleja el culto a la personalidad que se le rendía y mantiene vivo el recuerdo de lo que representó para Perú esa guerrilla fundamentalista.
De inspiración maoísta y uno de los grupos guerrilleros más antiguos de América Latina, Sendero Luminoso dejó de ser una amenaza y agoniza desde mediados de la década de 1990 tras la captura de su líder, que marcó el comienzo del declive.
“El objetivo del museo es mostrar que el mensaje que nos deja el culto a Guzmán equivale a muerte y destrucción”, asegura su responsable, el coronel en retiro Jorge Luis Pinzás, durante una visita de AFP al local.
Entre los cerca de 500 bienes incautados que se exponen, resalta un gran lienzo con Abimael Guzmán con rostro pétreo, atravesando los Andes sobre ríos de sangre y con el libro rojo de Mao sobre el pecho.
