Dos implantes mamarios, la fotografía de los sesos del presidente John F. Kennedy, un traje de porrista o los dibujos de un asesino en serie: son todas piezas de algunos de los museos más extravagantes de Los Ángeles.
La oferta cultural en esta ciudad es inmensa e incluye desde los tradicionales museos con piezas de renombrados artistas, hasta los muy populares de réplicas de personalidades en cera. Y en el medio están estas otras colecciones que a muchos espantan y a otros maravillan.
Está así el museo dedicado a las relaciones que se acabaron y el despecho; otro a los conejos, con un “acervo” de más de 33 mil piezas relacionadas enteramente con este animal; uno dedicado solo a la muerte... y hasta el terciopelo y el neón tienen un espacio único.
Las historias son infinitas y anónimas. Después del divorcio, colocó su vestido de novia en un frasco de pepinillos: no quería tirarlo ni que otra lo usara o que se lo comieran las polillas. Hoy es considerado la Mona Lisa del Museum of Broken Relationships.
Está el uniforme de porrista que otra mujer nunca llegó a usar porque su novio terminó con ella, o los perfumes ya comenzados del esposo que murió de cáncer. Con cada pieza hay una historia. Como la de las dos prótesis mamarias exhibidas en una caja de cristal. Ella se las puso para complacer a su pareja, a quien le gustaban los pechos grandes. Los cinco años que las tuvo su cuerpo siempre las rechazó y tuvo que someterse a varias cirugías, la última para quitárselos.
El museo comenzó de manera itinerante después de que los artistas Olinka Vistica y Drazen Grubisic terminaron y no sabían qué hacer con los objetos de aquel tiempo. En 2010 abrieron su primera sede en Zagreb y este año en Los Ángeles. “Los objetos como tal no son arte, pero los pones juntos y representan una muy sofisticada pieza de arte conceptual sobre lo que representa ser un humano buscando conexión”, explicó su directora, Alexis Hyde.
La primera sala del Museum of Death está dedicada a famosos asesinos en serie; le sigue otra sobre historia funeraria, y así va: suicidios colectivos, de artistas famosos y personajes históricos, accidentes de auto fatales, casos como el de O.J. Simpson. Todo tiene que ver con muerte en este museo fundado en 1995.
“Es una manera de apaciguar el miedo a la muerte, le va a pasar a todo el mundo. Mientras más te acerques a lo que te da miedo, menos te dará”, indicó su gerente, Ryan Lichten.
La completa colección incluye la cabeza de Henri Désiré Landru, que murió en la guillotina en Versalles en 1922 tras el asesinato de 11 mujeres, aunque se estima que fueron centenas.
Parte del trabajo de investigación de Lichten, que asiste en la curaduría, pasa por enviar cartas a asesinos convictos para que les envíen material que sirva para alimentar el museo. Fue así que recibió unas ilustraciones de la cantante Rebecca Schaeffer enviadas por su asesino desde prisión.
En una pared están las fotos de la primera autopsia que se le hizo a John F. Kennedy pocas horas después de su asesinato en 1963 en Dallas, acompañado de gráficos, portadas de diarios y una copia del polémico Informe Warren, que concluyó que Lee Oswald actuó solo. El recorrido fascina, aunque cada semana hay uno o dos desmayados.
Para el día de San Valentín de 1993, Steve Lubanski le regaló a su novia Candace Frazee un conejito de peluche con un corazón gigante en el pecho que decía “Te amo”. Esa Pascua, ella le regaló un conejo de porcelana... y ahí comenzó una tradición. Hoy son más de 33 mil piezas clasificadas en categorías.
