El nombre de la compañía de Jenn Tompkins hace que sus clientes se rían a carcajadas.
En dos años, Rent The Chicken, con sede en Pennsylvania, se ha ampliado a otros tres estados y a Toronto, Canadá. Pero ese crecimiento no es una aberración. El alquiler de gallinas se ha convertido en una inversión seria en momentos en que más personas prefieren comer huevos frescos de gallinas criadas sin maltrato, y sin la responsabilidad de ser propias.
“Como sociedad, no nos gustan los compromisos”, dijo Tompkins mientras visitaba una afiliada en Mount Holly, Nueva Jersey. “No nos gusta tener un contrato con el teléfono celular, ni un contrato a largo plazo con la compañía de televisión por cable. Las gallinas pueden vivir entre 7 y 10 años, y la gente le teme a eso”.
Así las cosas, el alquiler elimina ese riesgo. Los precios varían según la empresa, la ubicación y la duración del arrendamiento, pero comienzan en unos 150 dólares al mes.
Los paquetes más básicos incluyen dos gallinas, un gallinero y la posibilidad de llamar por teléfono para hacer preguntas. Los clientes pueden devolver las gallinas si las cosas no funcionan, y las pueden adoptar si todo va bien.
Rent a Coop, con sede en Potomac, Maryland, un suburbio de Washington, comenzó alquilando cinco o seis gallineros al mes en 2012, según el copropietario Tyler Phillips.
Ahora alquilan entre 25 y 30 al mes y están abriendo un segundo local en Nueva Jersey. “Creo que es sustentable”, dijo Phillips del modelo de negocios. “La gente quiere saber de dónde sale lo que comen”.
Y más pruebas al respecto pueden encontrarse en crecimiento de BackyardChickens.com, un foro en internet que comenzó hace ocho años con 50 miembros.

