LONDRES

Nueva vida a las cabinas telefónicas

Nueva vida a las cabinas telefónicas
Esto es el pasado. AfP

“Huele bien”, dice un transeúnte sobre el olor a estofado procedente de una cabina telefónica roja en el centro de Londres, cuya reconversión la salvó de una desaparición segura por culpa de los celulares.

Todos los mediodías, decenas de empleados de las oficinas cercanas se acercan a la plaza Bloomsbury a buscar su almuerzo a esta cabina reconvertida para albergar una nevera y varias estanterías donde se acumulan los platos.

Aprecian sobre todo las ensaladas, que luego saborean en el jardín público cercano cuando hace buen día. Como este minirestaurante de comida para llevar, que, frío obliga, acaba de cerrar hasta la primavera, miles de otras cabinas telefónicas de todo el Reino Unido se han ganado el derecho a una nueva vida.

A menudo abandonadas y vandalizadas, fueron transformadas en bibliotecas, galerías de arte, centros de información, cafés, restaurantes y hasta en una tienda de sombreros o el habitáculo para un desfibrilador.

Desde que alcanzó su pico de 92 mil en 2002, el número de teléfonos públicos del Reino Unido se fundió como la nieve al sol: quedan 42 mil, de ellos 7 mil en las famosas cabinas rojas.

La compañía de telecomunicaciones BT, que prevé suprimir 20 mil teléfonos públicos en cinco años, argumenta que son deficitarios porque su mantenimiento le cuesta cada año casi 6 millones de dólares. Cada día se hacen 30 mil llamadas desde ellos, una caída de 90% en 10 años.

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