La ceremonia número 86 del Oscar fue un gran regalo para Latinoamérica, para las películas con contenido y para los artistas de riesgo.
Ha sido el Oscar más relevante para la ciencia ficción, un género que desde siempre ha sido marginado por una Academia de Hollywood que lo ha visto como algo poco serio y menor, gracias a los siete premios que obtuvo esa obra maestra titulada Gravedad.
Habrá costado 100 millones de dólares y su recaudación será de 704 millones de dólares, podrá ser un ejemplo extraordinario de un cine de espectáculo por rodarse en tercera dimensión y proyectarse en salas Imax, pero su estructura sigue los lineamientos de un típico largometraje independiente: pocos personajes en escena, un mensaje de denuncia, una atmósfera intimista, un largo tiempo para conseguir el financiamiento necesario y un director (Alfonso Cuarón) que también ejerció las funciones de coguionista, coproductor y coeditor.
Esta maravilla fue realizada por el mexicano Alfonso Cuarón, quien el domingo pasado se convirtió, además, en el primer artista de América Latina en obtener un Oscar en el aparte de mejor director.
También fue histórica esta cita anual con el séptimo arte, porque pocas veces tres de los cuatro Oscar interpretativos recayeron en actores que nunca antes habían sido nominados para esta distinción (Matthew McConaughey, Jared Leto y Lupita Nyongo) y, para uno de ellos, era la primera ocasión que estaba delante de las cámaras: Lupita.
De igual manera, por vez primera un largometraje producido, dirigido, escrito y actuado por afroamericanos se quedaba con la categoría de mejor película del año: ese alegato en contra del racismo que es 12 años de esclavitud.