Es un Óscar con acento latino: celebra a México, premia a Chile... y hace honor a los monstruos de Guillermo del Toro. El mexicano brilló con La forma del agua, que se llevó el domingo cuatro estatuillas -incluido el galardón principal, el de película, y el de dirección- en una ceremonia que además estuvo marcada por referencias a la política antiinmigratoria del presidente estadounidense Donald Trump y los mensajes a favor de la inclusión.
Fue también la noche de la chilena Una mujer fantástica, la primera película protagonizada por una transgénero en llevarse un Óscar, y de Coco, inspirada en el día de muertos de México, que fue premiada como mejor cinta animada.
“Soy un inmigrante, como muchos, muchos de ustedes, y en los últimos 25 años he vivido en un país que es de todos nosotros: tiene partes de aquí, de Europa, de todas partes, porque creo que lo más maravilloso que se puede hacer -y nuestra industria lo hace- es borrar las líneas en la arena”, dijo del Toro al recibir el Óscar.

“Estoy muy, muy orgulloso, quiero dedicar esto a cada joven cineasta en el mundo”, agregó del Toro, nominado en 2007 por El laberinto del fauno, que se llevó tres Óscar, aunque no el de director.
El mexicano revisó la tarjeta para confirmar que fuera la correcta, una broma que hace referencia al caos del año pasado en el anuncio a mejor película, que se conoció como el sobregate.
En una oda a las tradiciones de México, hecha en EU, Coco se llevó dos premios, el de mejor cinta animada y el de mejor canción original por Recuérdame, que en la ceremonia interpretaron Gael García Bernal -parte del elenco-, Natalia Lafourcade y Miguel.
“Coco no existiría si no fuera por sus infinitas hermosas tradiciones y cultura”, dijo Lee Unkrich, director de la primera cinta que Pixar dedica a una cultura extranjera, inspirada en el Día de Muertos.
Chile suma su segundo Óscar con Una mujer fantástica, de Sebastián Lelio. El drama sigue la vida de Marina Vidal, una transgénero, interpretada por la actriz trans Daniela Vega, que enfrenta la muerte de su compañero en medio de prejuicios, reproches y violencia.
DECLARACIONES

Tres anuncios por un crimen, que partió como favorita y cuenta la historia de una mujer que alquila tres vallas publicitarias para protestar por el abandono de la investigación policial sobre la muerte de su hija, quedó con dos estatuillas de actuación: Frances McDormand y Sam Rockwell.
“Miren a todas partes, señoras y señores, porque todos tenemos historias que contar”, dijo McDormand tras invitar a las otras nominadas, actrices, productoras, guionistas, a ponerse de pie.
Allison Janney, por su parte, ganó en la categoría de mejor actriz de reparto por la interpretación de la fría y sarcástica madre de la patinadora artística Tonya Harding en Yo, Tonya; y Gary Oldman se llevó el premio a mejor actor por su personificación del primer ministro Winston Churchill en Las horas más oscuras.
Jordan Peele fue premiado por su guion original de Get Out y James Ivory ganó, a los 89 años, un Óscar por su adaptación del guion de Llámame por tu nombre.
Los asistentes a la gala consagraron buena parte del show a hablar del MeToo, protestar por los tiroteos masivos -el último en una escuela de Florida, con 17 muertos- y por la discriminación migratoria.

“Todo el mundo está recibiendo una voz para expresar algo que venía pasando desde siempre, no solo en Hollywood, sino en cada segmento de la vida”, dijo la actriz Mira Sorvino, quien fue una de las mujeres que acusó al productor Harvey Weinstein de haberla violado.
Weinstein, caído en desgracia, fue señalado por otras decenas de mujeres y es investigado por la policía.
Lupita Nyong’o, nacida en México y criada en Kenia, y el comediante Kumail Nanjiani, se llamaron a sí mismos dreamers o soñadores. “Crecimos soñando que un día trabajaríamos en películas. Los sueños son la fundación de Hollywood y los sueños son la piedra fundacional de Estados Unidos”.
Los indocumentados traídos de niños, llamados dreamers, son centro del debate migratorio en Estados Unidos después de que Trump eliminara el programa que les permitía trabajar legalmente sin que el Congreso lograra redactar un proyecto que los legalizara.
