“Estos tienen más de 500 años”, dice con orgullo Sira Plana mientras contempla los olivos de Oliete, revividos gracias a un sistema de padrinazgo que salvó a este pueblo español del abandono. A cambio de unos 50 dólares al año, unos 2,500 padrinos reciben cada mes a través de una aplicación en su teléfono móvil fotos de “su” árbol, al que pueden bautizar y, una vez al año, recibir dos litros de aceite.
“Siempre lo hemos intentado de una forma en que se puedan involucrar emocionalmente con el proyecto”, explica Plana, cofundadora de “Apadrina un olivo”, entre árboles salpicados de fruto maduro que dominan este pueblo de Aragón, ubicado en el noreste de España.
“Cada uno te cuenta su historia y el porqué llega a apadrinar ese olivo, y en la mayoría de los casos es muy, muy emocional: vinculada a un familiar, vinculada a un niño, vinculada a un abuelo, vinculada al propio olivar”, manifiesta Sira Plana.
De los 100,000 olivos centenarios abandonados alrededor del pueblo, más de 7,000 han logrado revivir gracias al sistema de patrocinio, fundado hace cuatro años.
