Desde el barrio de Mantilla, en las afueras de La Habana, el escritor Leonardo Padura se convirtió en un creador de bestsellers universales y en una voz crítica contra el Gobierno de Cuba, donde pese a todo es tolerado e incluso premiado.
“Mi lenguaje es cubano, mi experiencia es la cubana, mi conocimiento de la psicología es la cubana. Ahí está mi lugar”, afirmó Padura el miércoles en una entrevista con DPA en Miami, capital de un exilio al que no pertenece ni pertenecerá.
“[Quedarme en Cuba] es un decisión muy pensada y muy libremente decidida”, aseguró en una ciudad donde alguna vez temió ser culpado por algo de lo que no es responsable.
Padura visita habitualmente Miami, donde vive su hermano y donde ha centrado parte de su nueva novela, Herejes. Esta semana ha podido constatar con varios actos públicos que el cambio que se ve en la isla también existe en la ciudad más cubana de Estados Unidos y que ambas están cada vez más cerca.
Como demostró en la exitosa novela El hombre que amaba a los perros, quien espere de Padura una crítica directa como la de los disidentes no la encontrará. “La literatura tiene sus propias estrategias artísticas para decir determinadas cosas sin tener que convertirse en una denuncia directa. Hacer política desde la literatura no es la mejor solución artística”, afirmó el escritor y periodista de 58 años.