LA úLTIMA PALABRA

Panamá ritual y colorido

Emma Gómez viaja 15 mil kilómetros para defender en Mauricio, república isleña del Oriente africano, la inclusión en la lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la cultura congo.

Crucemos dedos para que se apruebe semejante honor para esta república, cuyo territorio emergió del mar hace millones de años (¿3, 10, 15, 20?). Profesora Emma ya tiene experiencia. Hace un año, en Corea del Sur, defendió con éxito la inclusión en la prestigiosa lista del sombrero pintao. Ouja. Sus técnicas, sus procesos, sus fibras y la mano bellaca que lo construye y el compromiso de que no se pierda esa inspiración, como sí se pierden otras. Como el panecillo de mi abuela paterna.

Ella es profesora de español, comunicadora, experta audiovisual y coordinadora en el Ministerio de Comercio e Industrias del Proyecto Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Dirección General del Registro de la Propiedad Industrial de Panamá (Digerpi), que ni idea tenía de qué significa el acrónimo. Mauricio tiene 1 millón 300 mil de habitantes. Su superficie es de 2 mil 40 kilómetros cuadrados. Cuatro veces mayor que la Coiba de ballenas madres, transeúntes y de 500 kilómetros cuadrados.

Salvemos Coiba de la rapiña maloliente. Mauricio es un país soberano insular, ubicado en el suroeste del océano Índico, a unos 900 kilómetros de Toamasina, ciudad en la costa oriental más cercana de Madagascar. La reunión del Patrimonio Mundial de la Unesco en la capital mauriciana, Port Louis. En aquella ciudad, Emma y la representación de la Cancillería, sustentarán, como si se tratara de una tesis doctoral, la inclusión en la lista de Unesco de las expresiones rituales y festivas de la cultura del Congo.

Palidecerán los representantes del Congo africano cuando cómo sus tradiciones han sobrevivido, muy transformadas, por las aguas panameñas, con el mestizaje, la religiosidad y un fascinante cruce de caminos y culturas en cuatro siglos, más para el pasado o menos para el presente. No es un concurso, pero cada uno expone lo mejor.

Formas humanas originales de 50 países estarán en la escena de Port Louis: la recolección de pasto en Bosnia y Herzegovina, un bordado de Tayikistán, una red de riego de Emiratos Árabes, una danza de Zambia, la festividad de Las Parrandas en Cuba, los ritos de primavera de los criadores de caballos en Kasajistán, un baño medicinal de China (me caería bien uno), lucha libre al estilo Corea del Norte, títeres de mano de Egipto y la procesión de la virgen en México. El vestuario congo es colorido. En las mujeres, resaltan el “faldón” de colores y diseños diversos; adornan su cabeza con -ores de colores o con sombreros adornados. Collares de cuentas, semillas, conchitas o caracoles.

La reina se distingue por su gran corona. Lindo artilugio. Los hombres pintan su cara con carbón, usan la ropa al revés, como símbolo de rebeldía y burla hacia el amo colonizador. Utilizan un sombrero de estopa de coco, adornado con plumas, conchas, espejos y cuentas de colores. Después de la llegada a las costas de Portobelo de negros esclavizados desde Angola, Camerún, Guinea y el Congo, en el siglo XVI, durante la época de la conquista, muchos se rebelaron, huyeron a la selva. La cultura congo se expresa en Colón: Santa Isabel, Portobelo, Colón, Chagres y Donoso. En Curundú, Chepo y Chilibre, La Chorrera y Bocas del Toro.

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