NATALIE PORTMAN

Perfecta actuación

Perfecta actuación
Perfecta actuación

Si hubo una distinción inmerecida en la pasada, y en parte desastrosa, ceremonia número 89 del Óscar, fue otorgarle la estatuilla dorada a Emma Stone en la categoría de mejor actriz principal por La La Land.

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Larraín, un director completo

Aunque Stone sabe bailar, cantar y actuar en este encantador musical ganador de seis Óscar, la verdad es que Natalie Portman hizo un trabajo mucho más sobresaliente en el encomiable drama biográfico Jackie.

Esta película, que se estrena hoy en las salas de cine de Panamá, se enfoca en la presidencia estadounidense de John F. Kennedy, en particular en los días posteriores al asesinato de este mandatario, hecho ocurrido el 22 de noviembre de 1963 en Dallas.

Si bien este triste momento histórico es conocido por más de uno, y más allá de si fue Lee Harvey Oswald el responsable único de la muerte del carismático mandatario demócrata, Jackie tiene como plus que narra este suceso desde los ojos de la viuda de Kennedy, Jackie, encarnada por una extraordinaria Natalie Portman, quien sostiene con propiedad y rigor esta producción firmada por Pablo Larraín.

Su labor en Jackie iguala, y por momentos, supera lo que hizo Natalie Portman en el thriller psicológico Black Swan (2010), por el que obtuvo un incuestionable Óscar y un Globo de Oro.

Nunca Portman cae en el calco, ni en la copia superficial de quien fue Jacqueline Kennedy. Ella logra usar su cuerpo, su voz y cada partícula de su organismo para que resucitara esta dama que fue popular a nivel mundial en una época donde no existía internet, ni las redes sociales que convierten en fugaces figuras públicas a gente sin mayor mérito.

Si quiere saber cómo se enfrentó esta valiente mujer a la pérdida de su esposo en una esfera política marcadamente masculina, así como la tras escena de Washington tras la ausencia del líder caído, entonces debe ver Jackie.

Además, debe disfrutar Jackie para que sea testigo de qué manera Portman supo adentrarse en un ser humano reservado y cautivador, quien aprendió, a la brava, a estar en la mirada de todos, a enfrentarse a la poderosa familia Kennedy, a los medios de comunicación social que parecían buitres y encaró al propio Lyndon B. Johnson (sucesor en la Casa Blanca de su marido), quien cuanto antes quería ser partícipe de la historia en mayúscula.

 

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