LA úLTIMA PALABRA

Poder en tembladera

Poder político siempre en la picota. Se afirma que es afrodisiaco. Savia de la juventud. Dicen que embrutece, que los aduladores alrededor enceguecen cualquier resplandor de realidad adversa frente al poderoso y que, no pocas veces, se percibe como una llama eterna.

En España, se busca un líder que ejerza ese poder. Está peliaguda la cuestión. Es sistema parlamentario. La totalidad de los diputados (350) lo eligen. Ninguna fuerza consigue la mitad más uno (176) que prevé la Constitución. Los más cercanos, ni tanto, por el progresismo (PSOE) y conservadurismo (PP), las dos Españas en juego, no consiguen ese poder. En cuatro años, cuatro elecciones, y ese liderazgo no se obtiene.

Son tiempos complejos. El 10 de noviembre el 60% del electorado asistió a las urnas y expresó el fraccionamiento político, que no es tan lamentable, pero no ofrece una salida constitucional para la formación de un gobierno estable. Hay mucha expresión regional e independentista, como en Cataluña, donde casi la mitad opta por desmembrarse de España y proclamar una república, que, por ahora, nadie reconocería. Incluso por el ejemplo que significaría en una Europa dinámica de nacionalismos y rupturas.

Estas últimas elecciones fueron el resultado de la incapacidad de PSOE y Podemos para llegar a un acuerdo de coalición tras los comicios de abril y cuando ambos partidos tenían diez escaños más entre ambos.

El concepto de las dos Españas llegó a su punto máximo de enfrentamiento durante la Guerra Civil (1936-1939), un conflicto cuyas consecuencias llegan a nuestros días y que no está lejano del resultado de la votación. La Guerra Civil comenzó tras un sublevamiento militar contra las autoridades republicanas el 18 de julio de 1936 y fue el estopín para una dictadura de 40 años, presidida por Francisco Franco.

En Chile, se constituyó un poder bajo el liderazgo de Sebastián Piñera, quien repitió la jefatura de Estado.

Un estallido social pone en jaque ese poder, bajo una acumulación de abusos y desigualdad, no obstante el avance económico y social de las últimas décadas. Si bien los indicadores de pobreza han bajado, en otros estadios, se ha replicado la desigualdad como sistema crónico.

Las representaciones políticas legislativas reaccionaron con la firma de un acuerdo para redactar una nueva Constitución, en sustitución a la creada en el régimen del dictador Augusto Pinochet.

En referendo, en abril, electores tendrán que responder dos preguntas: primero, si quieren o no una nueva Constitución; y, segundo, qué tipo de órgano debería redactarla, o convención mixta (con 50% de los parlamentarios ya electos) o convención constitucional (electos solo para la redacción por 9 o 12 meses).

Otro referendo, este en Bolivia, determina que el entonces presidente, Evo Morales, no podrá ser candidato. Ante el conciliábulo de los magistrados de la Corte Constitucional, alega que se violan sus derechos y se acepta que el presidente compita para reelegirse en elecciones, con cuestionable cómputo, protestas callejeras y de la que técnicos de la OEA recomiendan repetir con autoridades electorales distintas.

En medio de la batahola, el jefe militar demanda la renuncia de Evo, quien la atiende, aunque Kaliman aclara que es solo ‘sugerencia’, ‘sugerencia’ que pasa a la historia como golpe de Estado.

El autor es periodista y docente 

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