Las contemporáneas series de televisión estadounidenses de corte político, tanto desde la comedia como desde el drama, desean que la audiencia reflexione y tome conciencia de la realidad ideológica que experimenta este mundo caótico.
Con programas como The Wire (2002-2008, HBO), The Good Wife (CBS, 2009-2016), Madam Secretary (2014, CBS), House of Cards (2013, Netflix), Veep (2012, HBO), Scandal (2012, ABC), Homeland (2011, Showtime), Designated Survivor (2016, ABC) y Billions (2016, Showtime), la pantalla chica de la unión americana invita a comprender la trasescena de cómo se maneja ese poder político y económico que transforma, más de una vez para el mal, a la sociedad global.
Este fenómeno generalizado pasa a la esfera del espectáculo con bastante tino y demuestra que la televisión no es tan tonta como parece.
La primera reacción sería decir que se trivializa la situación en aras del entretenimiento, y de paso, ganar plata a costillas de mostrar esas manzanas podridas que siempre andan por allí.
Sin duda hay ganancias en este proceso, porque Hollywood hace negocio con el arte audiovisual, aunque la idea de falta de calidad se rechaza en los programas aquí citados, pues han demostrado manejar excelentes argumentos, con direcciones apropiadas y actuaciones sobresalientes, hechos comprobados por las nominaciones y premios que han recibido.
Estas series de televisión evidencian que un sector de las clases políticas y financieras siempre quieren más dinero, como en Billions, o más influencia, como pasa en House of Cards, o más control geopolítico, como en Homeland.
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