La ciudad de Valencia, España, prohibió una antigua tradición en la que se sueltan toros por las calles de una pequeña localidad con bolas de cera o pirotecnia encendida en los cuernos, conocida como toros embolados.
El alcalde Joan Ribó citó crueldad hacia los animales al aprobar la prohibición.
El Concejo Municipal también recortó fondos para las corridas de toros y las escuelas de toreros, pero no debatió una prohibición a la fiesta brava.
La prohibición se presenta un año después de que Ribó y su alianza, que incluye al partido de extrema izquierda, Podemos, llegaron al poder. También ocurre dos días después de que los legisladores en la región de Castilla y León, en el centro del país, prohibieron la festividad del Toro de la Vega, que se practica desde hace siglos en la localidad de Tordesillas, en la cual personas persiguen con lanzas a un toro hasta darle muerte y es uno de los espectáculos más sangrientos de España.
Los políticos valencianos del conservador Partido Popular, acusaron la prohibición de violación al patrimonio cultural de la ciudad.
