En un trozo de costa azotado por el viento en el oeste de Irlanda, una aldea está preparándose para festejar a lo grande la toma de posesión del nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el 20 de enero.
En el pub de la calle principal de Doonbeg, el propietario Tommy Tubridy ha desarrollado la habilidad de escribir las iniciales “DT” en las pintas de Guinness para celebrar al héroe local.
En las afueras de la aldea, Trump posee un campo de golf de lujo en el que invirtió millones y creó puestos de trabajo en una parte de Irlanda golpeada por la crisis.
“Es muy popular en la zona; el 99.9% de la gente de aquí hubiera votado a Trump”, dijo Tubridy mientras secaba vasos y mostraba su talento para “escribir” en la espuma de la cerveza irlandesa clásica.
En gaélico, Doonbeg significa “pequeña fortaleza” y en muchos sentidos esta zona golpeada por el océano Atlántico se ha convertido en el feudo irlandés de Trump.
Su complejo da trabajo directo a 300 personas en la temporada alta de verano y negocio a tiendas, bares y restaurantes, en el pueblo y más allá. Los visitantes pueden esperar un viaje difícil por las estrechas y accidentadas carreteras que conducen al complejo, junto a una mala cobertura telefónica.
