Gustavo Acosta
Austin Hernández
Desde aquí ahora añoro la periferia, donde mis huellas quedaron plasmadas, donde sonrisas de amigos quedan en el rincón de mi pensamiento.
En donde varias noches, con estrellas radiantes, me llevaba a Morfeo y amanecía con letargo de un sueño posible.
Tengo esperanzas en que el día ha de retornar con nuevos horizontes, nuevas emociones.
Y podré regresar sin miedo a las tierras de mis abuelos. Por ahora vivo lleno de recuerdos, con sonrisas difíciles de parir.
Te quiero... Extraño mi cobija, de mi Guaira querida.
Como gaviotas que alzaron vuelos en busca de un nuevo aposento, así he llegado a esta tierra en busca de la tranquilidad arrebatada.
Si bajo las mismas pupilas del firmamento convivimos compartiendo el encanto de la aurora, ¿por qué entonces
tú, maldita discriminación, tratas de cortar mis alas, enmudecer mis palabras y encadenar mis sueños cargando en tus hombros la desigualdad,
alimentando a la humanidad de ignorancia y un incompleto pensamiento?
Si nuestros sentimientos
florecen en las mismas praderas, recibiendo el calor del sol, ¿por qué entonces adulas con palabras austeras envenenando la conciencia y carcomiendo la verticalidad del ser humano con fines injustos y viles aflicciones?
Si habitamos como hormigas en la inmensidad de esta tierra, siendo diversidad de culturas y razas con nuestras sangres cual caudal desbordando del mismo color con las mismas esperanzas e ilusiones, ¿por qué entonces te jactas en arremeter con oprobio, marginando y lacerando el pensamiento y mirando de reojo las luchas de gentes dignas?
Sepa, maldita discriminación, que mientras el aire cante entre los ramajes de nuestras vidas lucharemos contra tu espíritu,
gritando todos a una voz:
“no a la desigualdad,
abajo a la discriminación”.
LA DESIGUALDAD
