Durante décadas la fortuna no abandonó a Christopher Reeve. Su buen aspecto iba acompañado de un gran intelecto y de talento para la interpretación.
Superman dio vida a un héroe invencible, pero en la vida real Reeve superó a su personaje.
Tras un accidente de equitación en 1995, perdió toda movilidad del cuello hasta los pies y se convirtió en el portavoz de las personas que estaban como él. De no haber fallecido el 10 de octubre de 2004 de un fallo cardíaco tras pasar ocho años postrado, el martes este actor de cine y teatro, director y activista, habría cumplido 60 años.
Con una fe inquebrantable en la medicina, Reeve consiguió millones para investigar la cura. La fundación que lleva su nombre y el de esposa, Christopher y Dana Reeve, en Short Hills (en el estado de New Jersey, Estados Unidos) impulsa proyectos de investigación y ayuda a personas de todo el mundo con lesiones en la espina dorsal.
Reeve acudió a Naciones Unidas en Nueva York y al Congreso estadounidense en Washington para pedir más derechos para los discapacitados. Y en una gala de los Oscar apeló a Hollywood.
A pesar de estar atado a una silla de ruedas computarizada y que dependía en parte de la respiración artificial, debatió con médicos sobre su sueño: recurrir a una terapia de células madre para poder reemplazar los nervios muertos.
Su valor llegó al punto de demandar al gobierno del presidente George W. Bush por la limitación que impuso a la investigación con células madre. Y tuvo éxito a la hora de imponer la investigación con células madre embrionarias en California.
Nacido en Nueva York, Reeve era hijo de un profesor y una periodista, pilotaba su propio avión y era un amante del esquí y la equitación, hasta que su caballo ´Eastern Express´ le tirase tras espantarse ante un obstáculo.
Superman cayó de cabeza al suelo y se rompió dos vértebras del cuello. Después del accidente solo podía mover los labios.
Cuando Reeve encarnó a Superman era el tercero que lo hacía en la gran pantalla, pero el primero que lo hacía con fortuna. Kirk Alyn, uno de sus predecesores, arruinó décadas antes su carrera con este papel. Y George Reeves, la estrella de Superman and the Mole Men (1951), se suicidó.
A Christopher Reeve tampoco le hicieron atractivas ofertas tras encarnar al superhéroe. Tanto en The Aviator como en Sleeping Beauty tuvo que conformarse con papeles secundarios, pero dejó muestra de su talento en películas como Deathtrap, The Bostonians o Street Smart.
