En Panamá ha empezado a funcionar el proyecto Flying Labs, un centro de innovación único en la región de Centroamérica, que emplea la tecnología robótica para recabar información de campo, sobre todo, para estudios ambientales y agrícolas.
Ahora, por medio de drones o vehículos no tripulados para agua o aire, se podrá, por ejemplo, monitorear la contaminación del agua, los efectos del cambio climático en determinadas zonas, la salud de los cultivos a gran escala o vigilar con mayor eficacia las reservas naturales del país, detalla Humberto Rodríguez, director técnico del Panamá Flying Labs, que ya funciona en el campus central de la Universidad Tecnológica de Panamá (UTP), responsables de la iniciativa en conjunto con el Banco Interamericano de Desarrollo.
Unas 15 personas han empezado las labores en el Flying Labs y pronto se involucrarán más investigadores, apunta Rodríguez y estima que para 2019 se conocerán los resultados de los primeros estudios que actualmente se están definiendo.
El costo del proyecto en Panamá asciende a los 1.4 millones de dólares, señaló Héctor Montemayor, rector de la UTP, quien agregó: “Con las robótica al servicio social podremos llevar ayuda a donde el acceso se ve restringido y en tiempos más cortos (...) Vemos toda una gama de oportunidades para dar respuestas a problemas como el de las minas explosivas en las áreas panameñas antes ocupadas por los militares, un proyecto que desde hace años venimos analizando”.
En el mundo existen otros ocho Flying Labs, ubicados en: Perú, República Dominicana, Nepal, Filipinas, Kenia, Tanzania, Reunión (en el Océano Índico) y en las islas del Pacífico, todos asesorados tecnológicamente por la organización estadounidense sin fines de lucro We Robotics.
El desarrollo de eventos formativos en el campo de la robótica y la generación de capacidades técnicas y profesionales son otros beneficios que proporcionará el laboratorio, destacaron.
