Cuando se sienta a conversar a la mesa en la suite del piso 25 del lujoso hotel W en Barcelona, Shakira parece “la de siempre”. Extrovertida, carismática, gentil y sonriente. Pero la primera impresión, como tantas veces, engaña.
A pocos días del lanzamiento de su homónimo disco, la colombiana, uno de los mayores íconos contemporáneos de la música pop mundial, revela que ya no es la de antes. “Cambié, se podría decir que ya no soy controladora compulsiva”, cuenta a un pequeño grupo de medios europeos.
La transformación de la colombiana se refleja también en el nuevo álbum que será lanzado el 25 de marzo y es el primero desde Sale el Sol (2010) y desde que la cantante es mamá.
Trae una mezcla de rock, folk y reggae en un envase de -por supuesto- música muy bailable e intensa.
La novedad es que por primera vez y en un proceso de “redescubrimiento” personal, permitió que se incluyera alguno que otro tema no escrito por ella misma.
“No todo los días soy sensual ni me siento bien, hay días que lucho contra mí misma, y hay días que me siento con confianza. Lo bueno es que la gente solo ve las grabaciones de esos días”, indica.