En tránsito desde Jordania, el arte de la panameña Olga Sinclair llegó ayer a Madrid con sus colores y su abstracción, pero también con los bodegones de sus inicios hace 40 años o ejemplos de su serie inspirada en Miguel Ángel o de sus míticas peras.
La sede de Casa de América acoge hasta el 30 de noviembre una retrospectiva que recorre sus diferentes etapas artísticas hasta hace tres años. Sinclair, hija de uno de los grandes maestros de la pintura panameña, Alfredo Sinclair, explica emocionada cada uno de los cuadros que componen la exposición y que muestran la evolución de una pintora formada en Panamá, Madrid y Londres, y que ha vivido en Amsterdam, Indonesia e Italia. Cada uno de esos lugares ha marcado su obra, como lo ha hecho su padre, su primer maestro. “Él decía, no se trata solo de pintar un cuadro, sino de sostenerlo intelectualmente”, explica Sinclair, quien reconoce que su vida estuvo conducida por el arte de su progenitor. A los cuatro años pintaba hasta las paredes de su cuarto, pero no recibió una lección formal de su padre hasta los 12 cuando le enseñó los principios básicos de la composición y la importancia de la gama de grises.

