Desde pequeña, a la bióloga venezolana Elena Salim Haubold le gustaban los animales. Nadar con tiburones le cambió la vida, y decidió dedicar su carrera a conservarlos. Tras ganar la beca Rolex de la “Our World-Underwater Scholarship Society”, ha viajado por casi un año a varios destinos, entre ellos, las islas Azores de Portugal, Maldivas y Sudáfrica, para conocer iniciativas de conservación sostenible de los tiburones. Esta semana estuvo en el Biomuseo en Panamá contando su experiencia, invitada por la fundación MarViva, que promueve la campaña “Panamá protege a sus tiburones”.
Salim Haubold destacó que los tiburones se originaron hacen unos 440 millones de años, y que es común que se les tema, en parte, debido a las películas que los han mostrado como depredadores de humanos. “La mala fama que tienen se debe principalmente a tres especies: el tiburón blanco, que es el que más ataca al ser humano, el tiburón tigre y el tiburón toro. El blanco se alimenta de presas como focas, cuyas siluetas en el agua son parecidas a los humanos”.
Pero en el mundo, anualmente ocurren 68 ataques de tiburón y solo mueren 6 personas. En cambio, se capturan entre 75 millones y 100 millones de tiburones al año. ¿Quién es más depredador?, pregunta la bióloga.
Y aunque hay una gran diversidad (más de 400 especies) y cada año se descubren otras nuevas, también están amenazados por la pesca incidental, el aleteo, el comercio para hacer medicinas y el hecho de que tengan una madurez sexual tardía. Los consumidores pueden ejercer presión no comprando productos como sopa de aleta, ceviches o empanadas de cazón, y medicinas de cartílago de tiburón.
La mayoría de los tiburones está al tope de la cadena alimenticia y controla las poblaciones de peces, por lo que son importantes en los ecosistemas. La legislación, la investigación, la educación, la conexión emocional y rentabilizar su conservación con actividades como el buceo con tiburones son algunas iniciativas que se pueden aplicar para conservarlos. “Es importante planearlo muy bien para que sea sostenible en el tiempo. A veces se meten muchos turistas a bucear con tiburones y ellos se estresan y se van o la población cambia”, dice Salim Haubold. “Estas actividades deben darse ligadas a la ciencia. Todo turismo tiene un impacto, y hay que hacerlo lo menos negativo posible”.







