Transformar las pesadillas en arte

El mejor homenaje a Günter Grass es leer sus libros ‘El tambor de hojalata’, ‘Años de perro’ y ‘El rodaballo’, en los que retrató la bondad y la crueldad humana.

Transformar las pesadillas en arte
Grass obtuvo el Nobel de Literatura en 1999.

La muerte tiene un sentido del humor perverso. En un mismo día, ayer lunes, nos arrebataba a dos escritores notables, incómodos y críticos con lo que está mal puesto en el mundo entero: el uruguayo Eduardo Galeano, a los 74 años, y el alemán Günter Grass, a los 87 años.

Hablemos del autor europeo, aquel que abogaba en sus novelas, poemas y ensayos por la solidaridad como un acto de responsabilidad social que tenemos todos con los demás.

En sus libros indagaba por el perdón, el olvido y la reconciliación, pero también mostraba esa parte brutal y salvaje del alma humana.

Esa actitud combativa la evidenció Grass no solo en sus libros, sino también en los actos públicos en que participaba, en los que dejaba clara la relevancia de considerarnos y ejercer como ciudadanos del planeta, y por ende, que los dolores, los pesares y las necesidades de los otros eran también los nuestros.

Fue una voz clara y contundente, siempre a favor del que no tiene el color o el sexo o el apellido o la nacionalidad “correcta”. No le temía a la controversia, pero tampoco la usaba para hacerse popular o para vender más libros. Lo suyo era invitar al debate para que salieran ganando la paz y la armonía.

Proponía discutir sobre los problemas que nos aquejan, desde la pobreza al analfabetismo, desde los refugiados hasta la intolerancia religiosa o política o sexual, sin olvidar su lucha para que la democracia triunfe por encima de los radicales que llegan al poder por vía democrática o por medio militar.

Pero no es un asunto que este intelectual ejercía el panfleto llano o la asquerosa propaganda política. Uno lee El tambor de hojalata (1959), Años de perro (1963), El rodaballo (1977) y A paso de cangrejo (2002) y Payaso de agosto (2007).

Estos títulos comprueban que estamos ante piezas de notable valor estético, que comparten las pesadillas y los excesos que ocurren cuando se dan revoluciones, pestes y conflictos bélicos, y cómo las personas que sobreviven buscan la manera de reconstruir sus ciudades, sus países y sus vidas.

La Academia Sueca le concedió en 1999 el Nobel de Literatura, no solo para elogiar su calidad literaria, sino también para ponderar a la literatura alemana en general, y a la europea, en particular, posterior a la Segunda Guerra Mundial.

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