Hay un cambio de era que no dará marcha atrás, y estamos en el pico de esa curva entre la era industrial y la del conocimiento. Y ese conocimiento implica la cultura vista desde una perspectiva distinta.
“El desafío del sector cultura es cambiar nuestra mirada, cambiar nuestro chip ”, expresó Gerardo Neugovsen, de Tikal Ideas, durante la conferencia “Aportes del sector cultural al fortalecimiento del tejido económico y social” esta semana.
Según Neugovsen, nos encontramos en la transición de una visión ornamental y eventista de la cultura, a una mirada más profunda, sin divisiones entre cultura popular y de élite, y en la que la cultura no necesariamente es sinónimo de arte.
En esa transición, agrega, la cultura debe dejar de asociarse al ocio y tiempo libre, y empezar a ser reconocida en un sentido transformador social y productivo.
“Estamos muy conectados con este salir de la era industrial y entrar a la era del conocimiento, en la época en donde se pone en evidencia la importancia que tiene el recurso intangible de la creatividad, de la innovación, la cultura y la tecnología en los nuevos modelos económicos”.
Onda expansiva
La economía creativa no solo contabiliza los ingresos que genera la cultura, sino el impacto social que tiene.
Un mismo evento puede tener diferentes escenarios. De ser un concierto, hay un movimiento económico en torno a todo lo que involucra la preparación, luego otro por parte de los espectadores que compraron las entradas y otro que involucra a las personas que venden sus productos en esos eventos.
En el caso del tango, en Buenos Aires, la dinámica económica que se genera en torno a este baile no tiene que ver solo con ingresos, sino con todo el “ecosistema” que se genera a su alrededor, explicó el especialista.
La dirección Nacional de Planificación y Presupuesto dirige sus esfuerzos a medir los efectos de su agenda como institución, así como los aportes que entregan a los emprendedores, comenta Mariana Núñez, directora del Instituto Nacional de Cultura (Inac).
“Estamos sistematizando la manera como nos piden ayuda, así como los resultados de sus actividades, con cifras en blanco y negro, la cantidad de personas impactadas y los efectos a largo plazo”, anotó la directora.
Además, se están haciendo mediciones que van desde cuántas personas y de qué edades están visitando los museos, hasta cuál es el entendimiento de cultura que tienen las personas que asistieron al Verano Azul del Inac.
Los resultados preliminares revelados esta semana muestran que el 40% de los encuestados reconoce cultura como “la historia de mi gente”, que el 57% va acompañado de entre una y tres personas, y que la mitad de las personas consume entre 1 y 10 dólares.
“A final de año esperamos poder ver en el sistema de información cultural, que esperamos poder lanzar en octubre, los pininos del mapa estadístico de la cultura en Panamá”, agrega.
La trama
Con el lanzamiento del proyecto Trama se echarán a andar charlas, debates, conversatorios, que buscarán generar colaboración entre los gestores y emprendedores culturales de todos los sectores, según Javier Stanziola, director nacional de Planificación y Presupuesto del Inac.
“Vamos a lanzar la convocatoria para que las personas presenten sus planes de negocio, para luego escoger al grupo que va a pasar por esa formación. Habrá mucha discusión y mucho debate dentro del Inac y Ciudad del Saber en términos del nivel de formación”, dijo.
Para Ana Karina Smith de de la Guardia, directora de Operaciones del Festival Internacional de Cine de Panamá, la propuesta ha tenido buena recepción, “la consideramos muy atinada para el momento tan importante que vive Panamá”, comentó, y agregó que “las propuestas culturales tienen que ser sustentadas sólidamente, no solo a las entidades de gobierno y a los patrocinadores, sino a la sociedad en general, mostrando así los impactos positivos al país en los diversos aspectos que tocan”.
Por otro lado, Marie Claire Fontaine de Bueno, quien es parte de la organización del Macro Fest y el Panamá Fashion Week, piensa que “aunque se podría decir que sí se ha generado una economía creativa, que es un poco tímida hasta ahora, tenemos fe en que va fortaleciéndose poco a poco”.
La responsabilidad de que este entramado arroje resultados positivos y se consolide en el sector económico, productivo, social y cultural, no depende de un solo actor, según Neugovsen, sino que “recae en los hombros de los actores principales, que son los gestores culturales y los emprendedores, y por añadidura, los sectores públicos vinculados con esto, es decir, ministerios de cultura, secretarías de cultura, ministerio de economía creativa”.

