Con la entrada del verano, la antigua metrópoli se rejuvenece, pues cientos de niños se aventuran dentro de sus ruinas para experimentar, como si se tratara de los primeros habitantes, la cotidianidad del período prehispánico y el colonial.
La agenda va más allá del recorrido por la ciudad en ruinas, según la antropóloga Diana Zárate, encargada del proyecto educativo. “Los talleres toman como medio la pintura, agricultura, el teatro y la música para transmitir información sobre la estética, la alimentación y el comercio que tuvieron lugar en Panamá Viejo y en América antes y después del siglo XVI”.
El ‘aula viva’, un espacio amplio ubicado en el convento de los jesuitas, recobra su sentido didáctico al prestarse para albergar a los infantes por dos horas –los martes, jueves y viernes (de 9:00 a.m. a 11:00 a.m.)–, extendiéndose una hora más los días sábado (de 1:00 p.m. a 4:00 p.m.), donde desarrollan actividades lúdicas.
Allí, guías especializados en el trato con niños logran “atraparlos, motivarlos y conectarlos emocionalmente” con la historia del Conjunto Monumental de Panamá Viejo convertido por la Unesco en Patrimonio de la Humanidad.
Este proyecto educativo, financiado por Banistmo, tiene como norte rescatar la memoria histórica y realzar la importancia del sitio dentro de la comunidad.
Uno de los talleres consiste en la siembra de huertos europeos, asiáticos o americanos. Los chicos aprenden la diversidad de semillas, su origen y cuidado. También “reconocerán que todas esas plantas son parte de nuestros alimentos habituales y que nuestro menú se ha enriquecido por el contacto entre culturas”, manifiesta Zárate. En otros actividades, se pintan platos de cerámica con diseños prehispánicos y coloniales con el fin de diferenciar las técnicas de cada uno. Y para incentivar la creatividad, los niños escuchan música con instrumentos prehispánicos y coloniales para dar origen a historias cortas que serán narradas por medio de títeres, construidos por ellos mismos.
Un taller de sellos y decoración corporal se inserta en el programa que finaliza el 7 de marzo. En él se muestra cómo hacían su propia pintura corporal los moradores preshispánicos.

