Los contenidos de las obras ganadoras del concurso nacional Ricardo Miró 2016 deambulan entre el reflejo de conflictos de orden social, la memoria, y hasta exploran lo sobrenatural.
Arturo Wong Sagel fue la sorpresa del pasado martes, cuando se desveló su nombre oculto tras los seudónimos Trystero y Morel, y se declaró el vencedor entre 70 competidores con el género de poesía con Fragmentos de un espejo. Luego repetiría el triunfo en la categoría teatral con el título Implicados, en el que aborda el siniestro acontecido en el Centro de Cumplimiento de Tocumen en 2011, cuando fallecieron cinco reclusos menores de edad, en parte debido a la inacción de entre 12 policías y custodios, quienes impidieron el trabajo de los camisas rojas para extinguir el fuego a tiempo.
Es la primera vez que Wong Sagel obtiene el triunfo en el Miró, al igual que el catedrático y abogado Francisco Díaz Montilla, que se destacó en el género de ensayo con Neurofilosofía, epistemología y el mito del alma, con el que niega la existencia del alma humana.
Entre los literarios que volvieron al Miró están Rogelio Guerra Ávila en la categoría de novela, y Giovanna Benedetti en cuento.
Guerra Ávila confiesa que tuvo un largo receso antes de decidirse por concursar con su novela fantástica La puerta de arriba, con la que se interna y lleva al lector consigo a dimensiones desconocidas. El escritor ya había saboreado el triunfo de la máxima distinción de las letras panameñas en 1991 y 2002 con las novelas Cuando perecen las ruinas y El largo camino de regreso, respectivamente.
Mientras que la única dama ganadora este año fue la abogada y escritora Giovanna Benedetti con el libro de cuentos Vértigo de Malabares. Benedetti fue distinguida como cuentista en 1981 al ganar el Miró con La lluvia sobre el fuego. También ganó este certamen, una vez en poesía (1984) y en otra ocasión en ensayo (2005).








