Deyairy empezó a guardar hace meses boletos del metro para hacer con ellos un disfraz de mariposa a su niña, y David usó trapos y pintura para transformar en zombi a su hijo.
La crisis económica pone a prueba la creatividad de los venezolanos en Carnaval.
Camila, la hija de Deyairy, de dos años, vestía de mariposa con alas formadas por decenas de tiquetes del subterráneo, amarillos y naranjas, pegados sobre cartón. La idea fue de Samuel, su hermano de 10 años.
El salario mínimo es de 58 dólares, al cual se suma un bono que aumentará de 90 a 154 dólares el 1 de marzo y que sirve exclusivamente para comprar comida y artículos de higiene personal.
Arteaga, de 32 años, vive en Lídice, un barrio humilde de la capital donde golpea fuerte la crisis, reflejada en una inflación que el Fondo Monetario Internacional proyecta en 1.660% para 2017 y una aguda escasez de alimentos básicos y medicinas. Según un estudio de tres universidades de Venezuela, la pobreza en el país llegó a 81.8% de los hogares en 2016.