Nunca desde la caída de la URSS los rusos habían consumido tan poco alcohol como ahora, gracias a más de 10 años de campaña contra el alcoholismo y el tabaquismo, dos adicciones con dramáticas consecuencias sanitarias en el país.
Ahora los rusos, que siguen teniendo al vodka como bebida nacional y consumen en promedio 12.2 litros de alcohol puro por año y persona, beben menos que los franceses (13.3 litros), los portugueses (12.6) o los alemanes (13.4), según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Ello supone un retroceso del 20% desde 2012. Respecto al tabaco, “la caída anual es enorme, sobre todo si sabemos de dónde venimos”, comenta a la AFP Melita Vujnovic, representante de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en Rusia.
Vujnovic explica el fenómeno por las políticas cada vez más restrictivas en la última década: se acabó la venta de alcohol después de las 23 horas, introducción de un precio mínimo y prohibición de la publicidad.
Las autoridades quieren pasar página a la dramática crisis sanitaria que hubo tras la caída de la URSS en 1991, con una fuerte caída de la esperanza de vida y un declive de la población. En 1990, el consumo de alcohol por habitante era inferior a 12 litros por año, tras las medidas muy restrictivas impuestas por Mijail Gorbachov. Luego aumentó en la era possoviética, hasta 2007, cuando la curva se invirtió, según la OMS.
El consumo de tabaco ha caído, con 20%, menos de fumadores entre 2009 y 2016. Ahora “solo” 30% de los rusos fuma, según cifras de la OMS.
El precio del tabaco, cerca de 2 dólares con 44 centésimos, es muy inferior a la media europea. Pero Vujnovic saluda el programa de lucha contra el tabaquismo implementado en Rusia, “uno de los mejores del mundo”, con estrictas limitaciones en los lugares públicos.Elena Dmitrieva, directora de la oenegé rusa Fundación por el desarrollo y la salud, cree también que las medidas gubernamentales han tenido un rol esencial, aunque constata una tendencia general a un modo de vida más sano, sobre todo en grandes ciudades.
“Hay esta moda de los gimnasios, los clubes de deportes, de la salud, del bienestar”, dice.
VIDA SANA
Anton, moscovita de 32 años que organiza torneos de artes marciales en la capital rusa, no ha bebido una gota en los últimos 10 años, después de haber tenido problemas de alcoholismo. “Cada vez hay más gente en mi entorno que ya no bebe”, constata. “Cuando se hace deporte (...) ya no se puede beber alcohol”, agrega.
El joven vincula esta nueva tendencia a la creciente popularidad en Rusia del movimiento Straight Edge, aparecido en Estados Unidos en los años 1980, que rechaza las drogas, el alcohol, el tabaco y el sexo sin sentimientos.
El propio mandatario ruso, Vladimir Putin, se exhibe como un gran practicante de deportes, y no bebe. Se ha hecho el paladín de un retorno al orden moral, que contrasta con los excesos de 1990, y con su predecesor Boris Yeltsin, conocido por su afición al alcohol.
