Hace una década parecía imposible beber un vino de la Patagonia chilena, pero el cambio climático está permitiendo la producción de un caldo de alta gama en sus increíbles paisajes de volcanes y bosques milenarios.
El aumento de la temperatura obró el milagro para los amantes del vino.
Algunos parajes del tradicionalmente frío y lluvioso sur de Chile son ahora lo suficientemente soleados como para hacer madurar las uvas con las que se produce desde hace dos años el Pinot Noir “Puelo Patagonia”, un tinto refinado.
“Encontramos un microclima cuyas temperaturas oscilan entre los 14 y 32 grados en verano”, explica Sergio Subiabre, director comercial de la viña Villaseñor, productora del vino que se dedica íntegramente a la exportación.
Esas temperaturas permiten que “las uvas logren una maduración forzada en los últimos dos o tres meses de crecimiento”, haciendo que el vino tenga “las mismas características, la misma graduación alcohólica y la misma cantidad de azúcar” que las que se obtienen en la zona central del país, escenario tradicional de la vitivinicultura chilena, agrega.
A orillas del cristalino río Puelo, flanqueadas por los volcanes y las montañas nevadas de los Andes, bosques milenarios y decenas de ovejas pastando, crecen alejadas de la civilización las parras que dan vida a este vino.
