Observar las estrellas es uno de los espectáculos más conmovedores que la naturaleza puede brindar.
Así lo piensa Louis Taylor, expresidente de la Asociación Panameña de Aficionados a la Astronomía (APAA). “Si agregamos a nuestro sentido de admiración el conocimiento, el cielo estrellado se vuelve interesante y atractivo”. Y es que el asombro que proporciona ver “las maravillas del cielo jamás cansan al espíritu investigador y profundo del hombre”.
Aún en el calendario quedan días de la temporada seca, un periodo ideal para admirar la belleza de los astros, pues corresponde el turno a observar las constelaciones invernales del hemisferio norte, ya que desde diciembre hasta marzo en el hemisferio norte corresponde la estación de invierno, dice.
En este periodo se divisan dos grupos de estrellas entre las 7:00 y 8:00 de la noche, que son “una línea de tres estrellas que comúnmente se le llama ´las tres Marías´ y otro en forma de ´V´ arriba de ellas hacia el oeste. ´Las tres Marías´ conforman la constelación de Orión, héroe gigante mitológico, y la ´V´ son los cuernos de la constelación de Tauro. Siguiendo la línea de ´las tres Marías´ hacia la ´V´, vamos a contemplar un grupito muy cercano de siete o seis estrellitas llamadas las ´Pléyades”.
Aulio Hernández, presidente de la APAA, añade más astros a la lista. “El verano panameño comienza con las clásicas constelaciones veraniegas como el Can Mayor, Andrómeda, Géminis, etc. Abundan estrellas como Sirio, Betelgeuse, Canopus, Capella, etc.”. Agrega que entre tanta estrella sobresalen conglomerados de ellas, como Omega Centauri. “Y menos olvidarnos de las nebulosas. Estas nubes de gas y polvo cósmico son las verdaderas obras de arte del universo, por ejemplo, la más famosa del verano la gran nebulosa de Orión o M42, según el catalogo Messier.
Otras estrellas sencillas de distinguir son Sirius, Betelgeuse, Capela, Proción, Antares, Pólux, Canopus, Arturo, agrega Rafael Samaniego, fundador del Mirador Astronómico El Silencio y miembro del Observatorio Astronómico de Panamá.
¿CUÁNDO Y CÓMO?
Ver el cielo es mucho mejor lejos de las ciudades contaminadas por las lámparas de las carreteras y edificios, y más cuando la fase de la Luna es “nueva”, es decir, cuando no se ve la Luna, menciona Taylor.
Para empezar a admirar los astros no hace falta comprar un telescopio sofisticado, pues “¡la principal herramienta son los ojos!´, exclama Hernández. “Para disfrutar del cielo de la manera más pura solo es necesario un sitio oscuro, un mapa o planisferio del cielo y mirar hacia arriba”. Cuando se sientan cómodos identificando estrellas y constelaciones es hora de adquirir unos buenos binoculares, “con ellos observarán detalles y objetos que a simple vista no se definen”.
Y por último cuando ya dominen el cielo es hora de comprar un buen telescopio, indica Hernández.
A la hora de buscar binoculares, Taylor recomienda aquellos 10 x 50. En materia de telescopio, se debe utilizar uno con refractores de 60 mm o 100 mm, armados con lentes, o reflectores de 120 mm o 150 mm, armados con espejos, pueden dar aumentos 20 a 70 veces, con mejores posibilidades de ver nebulosas y galaxias.
“La astronomía no es privada. El Sol, la Luna y las estrellas salen para todos. Invitar a todos a entender los fenómenos astronómicos los hace crecer en conocimiento y en espíritu. Los aleja de los charlatanes, astrólogos y brujos, y nos hace humildes, al ver que no somos lo más grande del universo, sino un simple grano en medio de un gigantesco océano”, dice Taylor.
Para Samaniego, observar el universo es “mirar hacia el pasado, y los telescopios son como máquinas del tiempo que nos permiten ver mundos lejanos que quizás ya no estén ahí”.

