Por la vereda de la calle 12 de Santa Ana, alguna sonrisa, un saludo o las voces de los transeúntes son el preámbulo a la llegada de un edificio que parece conservar la eterna juventud.
En medio del folclórico barrio, el restaurado teatro Amador resalta entre los edificios antiguos.
Por la sala de ese teatro, construido en 1908, han pasado más de 34 mil personas en el último año cuando fue reabierto al público. Pero su vida no fue siempre así.
“Yo creo que aquí todavía estamos descifrando la historia de este lugar”, admite Jacob Larrinaga, director de mercadeo de teatro Amador, quien afirma ser de las personas “que piensan que la historia se queda”.
Cuando los nuevos propietarios del teatro lo vieron por primera vez estaba abandonado, casi en escombros.
De ese lugar que en 1912 se inauguró como cine para clásicos, quedaban sus paredes, las mismas que fueron testigos en la década de 1980 y 1990 de la moda del cine porno, y que ahora albergan por igual al público de conciertos de música electrónica y de presentaciones de teatro y cine.
“Todavía a la gente le cautiva mucho esa vibra que se respira aquí”, comenta Larrinaga, quien se prepara junto con los socios Omar Ynzenga, Karla García y Lloyd y Kevin Keene, un grupo de jóvenes menores de 33 años, para celebrar el primer aniversario del teatro Amador como recinto para actividades culturales.

