“Acabamos de matar a Federico García Lorca. Yo le metí dos tiros en el culo por maricón”. La mañana del 19 de agosto de 1936, apenas cumplido un mes del inicio de la Guerra Civil española (1936-1939), moría fusilado el más célebre poeta español. Tenía 38 años. Era de izquierdas, republicano y homosexual.
Su obra había traspasado ya fronteras y tanto dentro como fuera de España se le reconocía como el gran poeta y dramaturgo que fue.
Setenta y cinco años después de su asesinato, Lorca sigue siendo el más célebre desaparecido español. Aún se desconoce dónde están los restos del autor de Romancero gitano.
Su asesinato y la desaparición de sus restos ponen nombre conocido al destino de miles de republicanos fusilados por las tropas “nacionales”, las sublevadas contra la República, durante una guerra civil que dio lugar, tres años después, a la dictadura de Francisco Franco, en la que España vivió durante casi 40 años.
A finales de 2009 se dio por fracasada la búsqueda de los restos de Lorca en la fosa de Alfacar, a nueve kilómetros de Granada. Pero el gobierno regional de Andalucía, animado por la Ley de la Memoria Histórica, acabó subvencionando las excavaciones tras las peticiones de las familias de quienes fueron fusilados junto a él. Política, odio y homofobia se conjuraron en el asesinato del gran poeta.