PERSONAJE

El arqueólogo y el mar

El arqueólogo y el mar
El arqueólogo y el mar

Casi no se habla de patrimonio subacuático en Panamá. Se hizo en 2015, cuando tesoros extraídos de un galeón hundido en 1631 en el archipiélago de Las Perlas, fueron decomisados por la Dirección Nacional de Patrimonio Histórico. Es un campo de estudio prácticamente “virgen” que Abner Al Berda intenta poner en el mapa científico local.

Hablamos de un panameño de 26 años criado en El Coco, Panamá Oeste, que rompe el molde del científico más convencional: tiene el cabello largo y barba densa, pantalones a la moda y sombrero y camisa con motivos tropicales. Y cuando habla, parece que lleva toda una vida estudiando el vínculo entre el hombre y los cuerpos de agua.

Empezó hace unos años las investigaciones que le fueron abriendo puertas hasta convertirse en uno de los miembros del Consejo Consultivo Técnico de Arqueología Subacuática de la Convención de 2001 de Unesco, dedicado a fomentar la protección del patrimonio arqueológico subacuático, aquellos rastros de existencia humana que estén o hayan estado bajo el agua y que tengan un valor cultural o histórico.

El arqueólogo y el mar
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¿Cómo empieza su camino en este campo de investigación?

En 2015, el Consejo Consultivo Técnico de Arqueología Subacuática de Unesco vino, por petición el país, a ver el caso de la explotación del galeón en Las Perlas y entre las recomendaciones que hicieron estaba investigar y crear un inventario del patrimonio subacuático local, abrir una oficina de arqueología subacuática y formar arqueólogos subacuáticos. No había nada de esto en Panamá.

Entonces, el Centro de Cooperación Española y el Instituto Nacional de Cultura gestionaron un curso de patrimonio sumergido con el Museo Nacional de Arqueología Subacuática  de España y yo participé. Luego aplico para recibir una maestría en arqueología náutica y subacuática en España y fui elegido. Así me preparé académicamente.

¿Qué trabajos científicos ha realizado?

Se podría pensar que la arqueología subacuática implica mucha aventura y estar bajo el agua todo el tiempo, pero hay mucho trabajo previo de investigación. He reunido, por ejemplo, información de 48 referencias de naufragios en el Caribe panameño que involucran a unos 80 barcos de diversas nacionalidades en diferentes épocas. La mayoría son barcos de España. Todo está condesando en el proyecto “Panamar”, una suerte de inventario digital de sitios con valor patrimonial en el campo subacuático en Panamá. El registro más antiguo de un barco hundido en Panamar data de  1503, pero también hay registros prehispánicos de corrales de pesca hecho con rocas para atrapar peces con el ir y venir de la marea. Más adelante Panamar contará también con los datos de las referencias de los naufragios en el Pacífico.

¿Cómo se puede consultar Panamar?

No está en línea, es una información que no debe llegar a manos equivocadas, como saqueadores de tesoros. Por eso, cuando Panamar sea publicada, será de forma parcial.

¿Cómo llega hasta la comisión de Unesco?

Antes de culminar su periodo como embajador de Panamá ante Unesco, Flavio Méndez me postuló para ser uno de los 14 miembros del Consejo Consultivo Técnico de Arqueología Subacuática de la Convención de 2001 y resulté electo. Somos tres integrantes de América Latina: Argentina, México y Panamá.

Méndez me postuló porque consideraba que Panamá necesitaba un representación en temas de arqueología subacuática porque fue el primer país firmante de la Convención de 2001 sobre la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático, pero sin tener una estructura al respecto. Y pronto se cumplirán 20 años de haber firmado la convención y no hemos avanzado. No tenemos aún una institución que se dedique a este tema. Ni un inventario nacional.

El arqueólogo y el mar
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¿Cuáles son las funciones del comité?

La convención fue establecida para crear un marco para que se practique la arqueología subacuática de la mejor manera posible en todo el mundo. Y el comité fomenta la protección del patrimonio  subacuático por medio del apoyo a proyectos, evaluaciones de sitios y formación de profesionales en la materia.

¿Qué experiencias le dejó reciente reunión del Comité en Argelia?

Fue a finales de octubre y fue mi primera participación. Es una gran oportunidad para mi, soy el más joven, los otros 13 miembros son personas que dirigen centros de arqueología subacuática en sus países, son autores de libros, artículos, investigaciones; hacen arqueología subacuática desde antes que yo naciera.

Es también una gran oportunidad porque puedo conocer iniciativas que están aplicando en sus países para tratar de presentarlas en Panamá, lo que se pueda. Se establecieron, por ejemplo, los detalles de un proyecto de Francia que hará un viaje trasatlántico para realizar estudios subacuáticos hasta llegar a Surinam; Italia y Argentina desarrollan un proyecto con la Unión Europea; en Egipto se realizan descubrimientos en Alejandría y en México están adecuando un asentamiento para visitas del público.  Muchos otros países, con pocos recursos, están haciendo cosas importantes y en Panamá no hay nada, a pesar que tenemos un estrecho vínculo con el Caribe y el Pacífico, además de un Canal centenario. 

La próxima reunión del comité será en París en mayo-junio de 2020.

El arqueólogo y el mar
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¿Proyectos futuros?

Portobelo es uno de los puntos clave para avanzar en el estudio y entendimiento del patrimonio subacuático nacional. Allí llegaban muchos barcos y personas atraídas por las ferias. Además, hemos dado con la ubicación aproximada del antiguo barco Nuestra Señora de la Asunción, que se hundió muy cerca de la zona y queremos desarrollar un proyecto para estudiar y encontrar los remanentes. Presentaremos el proyecto para conseguir fondos.

También  quiero documentar la arquitectura naval indígena de Panamá, estudiar cómo hacen sus botes y cuáles son sus fines.

¿Qué tan difícil ha sido practicar la arqueología subacuática en Panamá?

No es fácil. Hay que aplicar a fondos de apoyo y esperar que sean aprobados para poder desarrollar investigaciones. Cada persona que tenga una meta en el campo de la ciencia debe ser perseverante hasta alcanzarla. Igual para el arte y otras áreas que suelen ser apartadas a una esquina.

Yo, poco a poco, pienso ir abriendo camino para una especialidad que no se practicaba en Panamá. Aquí se ha hecho mucha arqueología sobre tierra, pero no hemos visto el mar, que es, quizá, el 50% del campo de investigación. Creo que soy el primer arqueólogo subacuático del país e intentaré que esta ciencia sea tomada en cuenta dentro de la estructura gubernamental y otras instancias.

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