Humberto Vélez, creador panameño, está en contra del arte contemporáneo, tanto nacional como foráneo, cuando es concebido como una mercancía y como un objeto de consumo, y cuando se hace a partir de la camisa de fuerza de la moral y los tecnicismos formales.
Le preocupa que el control del capital sobre el arte “ha crecido tanto”, que ha influenciado de forma negativa la producción artística en el istmo.
Le desagrada la idea de convertir el arte panameño en “una especie de marca. Es una aberración. El arte no se restringe a una etiqueta”.
Su deseo es saber “¿quiénes somos en Panamá?”. Enseguida, comenta, cuando artistas como él tratan de dar una respuesta, inmediatamente aparecen “los moralistas de la pequeña burguesía, que tienen discriminaciones de clase y étnicas muy fuertes”.
Piensa que el artista debe hacer un trabajo sincero, no importa si molesta a los demás. Lo suyo es compartir su verdad, aunque duela, desde sus performances, dos de ellos en formato video, se podrán ver La banda de mi hogar (2013) y The Last Builder (2008), en el marco del evento cultural “Interoceánico: Istmo, Zona, Canal”, en el Biomuseo.
Vélez propone tratar desde el arte los temas más delicados, porque no se le puede tener miedo al escándalo.
Eso sí, dice, que si alguien quiere combinar denuncia con arte, que sea valiente para aceptar hasta las últimas consecuencias de su postura, y que no se anden con acciones cobardes cuando vean a la policía llegar, ni busquen una salida de escape, pues quiere decir que están en un oficio para ser una figura mediática y no parar brindar un comentario crítico sobre el hombre y la sociedad.
