Entre finales de la década de 1970 y 2018, la realidad cultural de Panamá y el mundo ha dado una vuelta completa, en opinión de Héctor Rodríguez.
“Las comunicaciones, que son el canal de transmisión de esa cultura, ahora son significativamente distintas y nuestro patrón de conducta se adecúa cada vez más a ellos. Ni hablar de los más jóvenes”, indica el autor de Los dados de Dios (2018), un libro en el que reúne artículos, entrevistas y ensayos publicados en diversos periódicos y revistas entre 1979 y 2009.
Sin embargo, en el campo del arte y la literatura se ha perdido mucho. “La creatividad se ha desvalorizado totalmente y a la sociedad le es más importante el “famoso” de un intrascendente reality de televisión que la obra de un buen artista o intelectual. El poeta está muerto, por lo pronto”, advierte el responsable de Los dados de Dios, obra que será presentada en el hotel Hilton este 19 de junio a las 8:00 p.m.
Límites
Sobre qué aspectos del hecho artístico han empeorado en el país, este escritor y docente universitario responde que “la ecualización de lo que es y no es. Los límites se han perdido y ahora se valora igual el esfuerzo creativo que la impúdica exhibición de la ignorancia. Eso es muy triste, por cuanto la sociedad se convierte en un cascarón. En una fruta hueca”.
Entre los responsables de esta decadencia igual culpa tiene el Estado que la sociedad civil. “La sociedad crematística se ha impuesto y todo es valorado por ‘lo que suman mis caudales’. Lo espiritual no cuenta. La educación, que en Panamá se ancló en 1947, tiene que ser rescatada, pero con una perspectiva humanista. La famosa ‘competitividad’ tiene que emparentarse con valores y con ‘haceres que vayan más de solo la búsqueda de lo material”.
¿Quién lo hace? “Con políticos tan limitados intelectualmente hay pocas esperanzas de que esto cambie, a menos que los cambiemos a ellos”, plantea este cuentista, dramaturgo y ensayista istmeño.
La cuota de responsabilidad de los artistas recae en que les “falta unidad para enfrentar al medio y a los medios. Es muy difícil esto por la propia naturaleza de un artista en este ambiente tan árido y con un público tan ignorante y / o confundido entre lo que es arte y no. A los que no son artistas, sino que usan el arte como una máscara, no les importa ni ellos tampoco”.

Control
Que la cultura no sea prioritaria para los gobiernos nacionales, comenta, es por una maquiavélica manera de controlar la ignorancia del pueblo. “No existe, no solo en Panamá, en el mundo, interés por elevar el nivel cultural de las grandes mayorías. Al statu quo no le conviene masas avispadas, menos las revoluciones. Mientras el pueblo tenga lo que bien conocían los romanos, pan y circo, no hay de qué preocuparse… y entendamos ‘circo’ en la peor de sus acepciones”.
Está claro que al panameño, en esta situación, no le será sencillo comenzar a recuperar su identidad, aunque le puede ayudar la cultura y el arte, entre otras áreas del saber. “Depende de la educación y eso pasa por hacernos de gobernantes altruistas, bienintencionados e inteligentes. En nuestro panorama, algo muy difícil de avizorar”.
