Por los pelos (Shear Madness), del alemán Paul Pörtner, es una comedia teatral de enredos bajo la premisa de una novela negra.
Cuenta la investigación para dar con el culpable del asesinato de una pianista que vive arriba de un salón de belleza y los sospechosos son los trabajadores y clientes que están en el establecimiento donde te cortan el cabello y te hacen las uñas.
“La vi por primera vez hace unos años en Broadway, cuando estaba buscando proyectos para abrir el Teatro La Plaza. La disfruté mucho, pero en ese momento me pareció que el humor era muy ‘norteamericano’ para el público panameño”, comenta Aaron Zebede, quien dirige Por los pelos para el Teatro La Plaza.
Este año la volvió a ver en México “y no paré de reírme hasta casi llorar. Hicieron una adaptación ‘a la mexicana’ y me di cuenta que esa era la fórmula para montarla en Panamá”.
Su filosofía es que en La Plaza se presenten proyectos para todos los gustos. “Ya veníamos de un musical como Pegados y de un drama como Los últimos cinco años y el público nos estaba pidiendo otra comedia al estilo de Taxi y Boeing Boeing. Definitivamente Por los Pelos tiene el humor de esas otras obras”.

Desenlace
Por los pelos es la pieza teatral no musical más representada en Estados Unidos, de acuerdo con el Libro Guinness de los Récords.
Uno de los motivos de este éxito deriva en que cada noche de función el final es distinto, pues son los espectadores, por medio de una votación, los que deciden quién es el asesino.
“La audiencia hace preguntas, acusa a los sospechosos, los actores bajan del escenario e interactúan con ellos. Esto lo hace muy atractivo al público que asiste a verla”, comenta Aaron Zebede.
Los intérpretes, de forma deliberada, mienten durante toda la puesta en escena. “Queda al público agarrarlos en la mentira. Hay cuatro sospechosos y cuatro finales diferentes. El elenco ha tenido que ensayar cuatro finales distintos. Depende lo que vote el público en determinada noche, el elenco tiene que actuar el final acorde. El problema ha sido ensayar cuatro finales distintos. Nos ha tomado más tiempo de lo normal, pues el libreto es mucho más largo que un libreto normal”.
Según las interrogantes que formula el público, “los actores saben más o menos qué hacer. Tenemos una base ensayada, según las ocho preguntas más populares en la historia de la obra. Pero si alguien hace una fuera de lo ensayado, los actores tienen que improvisar las respuestas. Ahí es donde resalta el talento de los actores”.

