Cuarenta y ocho años después de que el ser humano llegara a la luna como parte de la misión Apolo 11 de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio de Estados Unidos (NASA), esta ha puesto en su agenda un viaje a Marte con la idea de mandar humanos al planeta rojo en la década de 2030.
Durante varias décadas, la NASA y sus aliados han estado probando distintos robots y equipos de exploración para obtener más información sobre los parajes recónditos del universo y adecuar las nuevas tecnologías a las condiciones de radiación, etc., que garanticen la seguridad de los astronautas en el futuro.
El proyecto Orion, en particular, consiste en una nave que volará primero sin tripulación, 40 mil millas más allá de la Luna, y amarizará en el océano Pacífico a su regreso.

Desde 2016 la Universidad de Hawái y la NASA han realizado cinco experimentos en una zona volcánica hawaiana, donde los astronautas conviven por varios meses aislados del resto del mundo, para simular una experiencia en Marte, practicar la recolección de muestras, establecer protocolos de seguridad, etc.
En otro proyecto, conducido por el Centro Aeroespacial Alemán, se han probado robots en el monte Etna, en Sicilia (Italia) para investigar sobre exploración robótica en ambientes extremos, previendo futuras misiones a la Luna o Marte.
Estos ambiciosos (¿y rentables?) propósitos han despertado el interés de un puñado de emprendedores y compañías aeroespaciales privadas que se han dado a la tarea de desarrollar nuevas tecnologías –robots, cohetes aceleradores, naves y módulos o habitáculos– para acelerar la exploración y el turismo espacial, enviar carga o tripulantes en misiones a la Luna, a Marte o a otros destinos en el espacio, e incluso, se plantea cada vez más la posibilidad de establecer una colonia humana en la luna. SpaceX, Virgin Galactic, Blue Origin y Bigelow Aerospace son algunas de estas empresas.
Virgin Galactic, del grupo empresarial Virgin de Richard Branson, apuesta por los vuelos suborbitales tripulados, lanzamientos suborbitales para misiones científicas y lanzamientos orbitales para satélites pequeños.
Blue Origin, del fundador y director ejecutivo de Amazon.com, Jeff Bezos, es otra empresa privada dedicada a la manufactura de equipos y los vuelos aeroespaciales, que aspira a facilitar el acceso a más personas al espacio.
Bigelow Aerospace, fundada por Robert Bigelow, desarrolla estaciones espaciales para uso comercial.
Todo parece indicar que se abren nuevos desafíos en materia regulatoria, de seguridad y oportunidades de negocios aeroespaciales.
Además, hace una década se lanzó el concurso Google Lunar XPRIZE, con una bolsa de 30 millones de dólares como premio “para retar e inspirar a ingenieros, emprendedores e innovadores de todo el mundo, para desarrollar métodos robóticos de bajo costo para la exploración espacial”, y ya hay cinco equipos en carrera: SpaceIL, Moon Express, Synergy Moon, TeamIndus, y Hakuto.
UN CONGRESO DE NOVEDADES

Ayer concluyó en Adelaida, Australia, el 68° Congreso Astronáutico Internacional, donde se reunieron los líderes mundiales de la industria espacial, de las agencias, ingenieros y tomadores de decisiones.
En ese escenario, el ministro de Educación y Entrenamiento de Australia, Simon Birmingham, anunció el lanzamiento de una agencia espacial nacional el pasado lunes.
La agencia espacial rusa Roskosmos, por su parte, anunció un acuerdo con la NASA para cooperar en un proyecto para construir una estación orbital en torno a la luna como parte del programa “Deep Space Gateway”.
También, el inventor, inversionista y emprendedor sudafricano Elon Musk, aprovechó la ocasión para explicar que planea construir un nuevo tipo de nave llamada “BFR”, que podría viajar a cualquier parte de la Tierra en menos de una hora. ¿Se imagina ir de Nueva York a Shanghái en 30 minutos? ¿Cómo afectaría esta posibilidad a las aerolíneas comerciales?
Musk, fundador de Tesla, la empresa que desarrolla autos eléctricos y autónomos, y de Space Exploration Technologies Corp. (Space X), entre otras, ha innovado con naves reutilizables, es un entusiasta del turismo espacial, de establecer colonias humanas en Marte y aspira a poder ubicar satélites transmisores de internet alrededor de la Tierra.
“Vender banda ancha desde la órbita es una parte fundamental de los planes de SpaceX para ganar dinero fuera de su servicio original de lanzamiento de cohetes”, indica un análisis de Bloomberg.
Su nueva nave BFR tendría 40 cabinas para transportar a un centenar de personas a la vez. Pero también podría poner satélites en órbita y llevar tripulación a Marte. La primera de ellas podría llegar a Marte en 2022, aunque las misiones tripuladas irían más adelante.
EXPECTATIVAS Y OPORTUNIDADES LOCALES

Por estos días se celebra en Panamá la Semana del Espacio, y en agosto pasado se lanzó la primera Olimpiada de Ciencias Espaciales. Hay un despertar en el interés por las ciencias del espacio. Ya hay un centenar de estudiantes inscritos en las Olimpiadas de Ciencias Espaciales, y del 20 al 24 de noviembre comenzarán a realizarse algunas pruebas.
“Se les invitará a actividades, en el verano se harán campamentos y retos para prepararlos y que vayan listos para la Olimpiada Internacional el próximo año en Paraguay”, indica la Dra. Madelaine Rojas, coordinadora de planes y proyectos de la Dirección de Aprendizaje y Popularización de la Ciencia, de la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación.
Rojas estudió astronomía y astrofísica en San Petersburgo, Rusia. Recuerda que el 4 de octubre se cumplen los 60 años del lanzamiento del primer satélite artificial Sputnik por la antigua Unión Soviética.
A partir de esa época se comienza a tratar la conquista espacial como una política de Estado, al principio era meramente militar. Con el Sputnik se abren nuevas ventanas para científicos, para conseguir fondos para sus proyectos, y para el turismo espacial, menciona Rojas.
En estas décadas, la industria aeroespacial ha avanzado a pasos agigantados y es la industria que usa lo último en tecnología. Pero el turismo espacial tiene sus restricciones. “Cada gramo que sacas al espacio tiene un costo y una implicación”, agrega.
Sobre la aspiración de grandes potencias de establecer colonias en la Luna, Rojas considera que invertir en el material de la cápsula, por ejemplo, es viable si se sabe que se puede encontrar agua, oxígeno, combustible, etc.
“Eso es lo que hay que atacar ahora mismo. Pero no es descabellado, porque ya se tienen los motores. Lo que falta no es lo más difícil”.
Rojas destaca que, como panameños, es importante conocer la historia y los avances que se están haciendo en este campo. “Eso nos da una perspectiva de querer ser parte de eso”, y añade que hay un grupo de chicos que aspira a crear en Panamá una agencia aeroespacial, aunque esto conlleva muchas cosas y el recurso humano es importante.
“Ya hay chicos que se están especializando como astrónomos, astrofísicos, etc., y eso es una base para formar una agencia. No solo se necesitan ingenieros, sino también biólogos, científicos que piensen en los experimentos, técnicos de robótica y otros”.
El trabajo colaborativo es clave en una industria de este tipo. “Necesitamos que la gente conozca, que sepa dónde estudiar y que tenga expectativas para regresar”, añade la científica.
“Panamá puede ser un punto de encuentro para la industria aeroespacial, un hub para el lanzamiento de satélites, ese podría ser un inicio. La cultura como que no ayuda en eso, pero hay que identificar a los interesados, ayudarles en su preparación aquí y en el extranjero. Hay que pensar en oportunidades, proyectos y soñar en grande. Observar y aprender sobre el cosmos y otros mundos nos ofrece una mirada para comprender mejor nuestro propio planeta”.
