Un año después de la anulación de la edición 2020 a raíz de la pandemia, la ciudad francesa de Aviñón vuelve a convertirse en la capital mundial del teatro con la apertura de su festival internacional ayer, con un ojo en las tablas y otro en las restricciones sanitarias.
La víspera misma de la inauguración, el festival, uno de los más importantes del mundo con el de Edimburgo (Escocia), tuvo que cancelar un espectáculo sudafricano por un caso de Covid-19 en el equipo, que debió permanecer en su país, en pleno rebrote de la pandemia.
La ciudad del sur de Francia, célebre por su Palacio papal, vive al ritmo de las restricciones con centros de detección, distribución de autotests, mascarillas en la calle (a diferencia del resto del país) a raíz de la afluencia al aire libre durante el festival o aireación de las salas durante 40 minutos entre cada espectáculo.
A pesar de todo eso, los organizadores prefieren ver la mitad del vaso lleno.
“¡Estoy eufórico, es como si fuera mi primer festival!”, se entusiasma su director Olivier Py, cuyo sucesor a partir de 2023, el portugués Tiago Rodrigues, primer extranjero en ocupar este puesto, fue anunciado este lunes por la ministra de Cultura francesa Roselyne Bachelot en el Palacio de los Papas.
“Haber estado privado del festival el año pasado no hace más que aumentar la impaciencia, el deseo de vivir éste. Hemos aprendido hasta qué punto era valioso”, agrega.
El festival se lanza en la Cour d'honneur del Palacio papal, renovada este año, con el espectáculo “El jardín de los cerezos” de Chéjov, con la actriz francesa Isabelle Huppert en el elenco y puesta en escena justamente de Tiago Rodrigues.
Una buena noticia llegó a finales de junio: todas las salas podrán contar con su capacidad máxima de espectadores. “No es seguro que se llene, habíamos fijado un cupo de plazas, solo habíamos vendido el 40%”, explica el director de festival.
“Es un renacimiento, puesto que este año hay 20 mil plazas más a la venta, 35 aperturas de telón más. Y desde la apertura de las taquillas, hay un entusiasmo inaudito del público”, añadió.

Con 21 emplazamientos y 50 espectáculos, el festival asegura tener listo su programa oficial (el festival on), pero también su festival off, con todas las actividades que transcurren paralelamente. Ambos suponen una lluvia de dinero para la ciudad, con un peso económico de cerca de 65 millones de euros ($77 millones).
“Estamos todos a las corridas, pero estamos aliviados de que el festival se celebre”, declara Sébastien Benedetto, presidente de la asociación que gestiona el festival off, considerado el mayor mercado del espectáculo viviente en Francia.
También celebra el aforo del 100%, cosa en la que “no creía en absoluto en mayo”.
“Teníamos algo de miedo respecto al público, pero poco a poco nos hemos tranquilizado porque la venta de entradas y abonos no va nada mal”, indica.
El festival off reúne casi mil 500 espectáculos en tiempo normal, pero este año se limitará a mil 70, con cinco o seis espectáculos por sala contra ocho habitualmente.
“Aunque sea forzado por la situación, esto dará tiempo a los actores de tomar aire, a los técnicos de desmontar la decoración”, añade Benedetto, que pide “encontrar los medios económicos para acompañar a los teatros”.
El ministerio de Cultura francés se comprometió a apoyar los equipos artísticos con ayudas para “los recintos que se vean obligados a hacer menos pases”.
“No sabemos cómo irá. Todavía hay la amenaza de la variante” Delta, indica Benedetto, director también del teatro de Carmes, donde un 90% de los actores están vacunados.
“Pero estamos contentos de volver a Aviñón. Es realmente el momento en que todo el mundo del teatro francés se reencuentra aquí”, afirma.


