Cada mes, la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt) organiza un “Café científico”, actividad que permite un intercambio más directo entre los científicos y el público asistente, entre ellos, profesionales, académicos, funcionarios y estudiantes.
Esta semana, el Dr. Blas Armién, médico especialista en salud pública y jefe del departamento de Investigación de Enfermedades Emergentes y Zoonóticas del Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud (ICGES), compartió los hallazgos de un estudio sobre el hantavirus en Panamá.
El hantavirus se diagnosticó por primera vez en el país a finales de 1999 y a comienzos de 2000. Desde entonces se han reportado 270 casos de síndrome cardiopulmonar por hantavirus.
El estudio contemplaba los casos febriles por hantavirus y los de síndrome cardiopulmonar por hantavirus, la prevalencia de anticuerpos en poblaciones rurales de las provincias de Los Santos, Herrera, Coclé y Veraguas, y los factores de riesgo de infección, entre otros.
Durante su exposición, el Dr. Armién mostró la distribución geográfica de los casos de enfermedad por hantavirus en Tonosí, en la provincia de Los Santos, y los sitios donde se han capturado los ratones Oligoryzomys fulvescens, que transmiten el virus choclo, asociado a la enfermedad por hantavirus en Panamá.

El Dr. Armién, quien coordina un estudio de enfermedades emergentes y zoonóticas y su influencia en la salud pública nacional para el período 2014-2020, se cuestionaba por qué a veces no se aplican las medidas de prevención. ¿Es el mensaje que se le lleva a la población efectivo? ¿Comprende la población la percepción de “modelo de salud-enfemerdad”?
Entre las conclusiones, mencionó que el incremento o disminución de la población de roedores ayuda a tener un sistema de alarma temprano y a captar a los pacientes antes de que desarrollen complicaciones por hantavirus.
Se planteó que si bien hay factores ambientales o ecológicos que influyen en la presencia de roedores, es fundamental comprender las costumbres, la educación y los aspectos sociales de las poblaciones para lograr cambios positivos para controlar a los roedores dentro y fuera de las casas. Los mensajes de prevención y control deben ser “autóctonos”.
En ese sentido, es importante identificar y apoyar a líderes en las comunidades, ya sean expertos en reforestación de bosques nativos, herpetología, educadores, estudiantes voluntarios, etc. Pero también se requieren fondos para trabajar no solo en campo y en el laboratorio, sino con las comunidades.
El ICGES está levantando un centro de investigaciones en enfermedades emergentes y zoonóticas en Divisa que tendrá 14 módulos, de los cuales cuatro serán para laboratorios con nivel de seguridad BCL2.
