Desde hace unos días, unos cangrejos rojos corretean a sus anchas por el parque berlinés de Tiergarten haciendo las delicias de las personas que pasean por él, pero su voracidad preocupa sobremanera a los expertos.
De entre 10 y 15 cm, el cangrejo de río americano, también conocido como cangrejo rojo, un deleite para el paladar de los amantes de los crustáceos, debería haberse quedado confinado en los criaderos.
No se sabe a qué se debe su presencia en el bosque de Tiergarten, lindante con la Puerta de Brandeburgo, la cancillería y grandes arterias comerciales de Berlín.
Katrin Koch, de la asociación ecologista Nabu, baraja la posibilidad de que los hayan soltado criaderos porque ya no se interesan por ellos o una superproducción en explotaciones privadas.
Estos crustáceos tienen un apetito voraz. “Se comen todas las plantas y en poco tiempo el acuario parece devastado”, añade.
En condiciones normales, estos cangrejos suelen mantener la cabeza bajo el agua.
Las abundantes lluvias de este verano han alterado la cantidad de hidrógeno del agua y han podido destruir sus madrigueras, obligándolos a buscar un nuevo hábitat, explica Dirk Ehlert, portavoz de la dirección de asuntos medioambientales de la ciudad de Berlín.
