Para el filósofo francés Henri Bergson, “la comedia es un juego, pero un juego que imita la vida”. Esta lúdica y contundente definición se aplica en Una boda feliz, una comedia de apariencia y estructura ligera, que demuestra que detrás de un chiste y de provocar una carcajada entre los espectadores, hay lecciones sobre la convivencia diaria que se desean transmitir.
Esta pieza de los dramaturgos franceses Gérard Bitton y Michel Munz explora cómo el sentido de la familia ha cambiado en un Occidente que trata de ser igualitario en la medida de lo posible.
Este grupo social, convocados y reunidos en un hogar, busca la felicidad de cada uno de sus miembros.
Con el andar del tiempo esa felicidad hogareña ha pasado por nuevas transformaciones en pos de no marginar a nadie, o por lo menos, intentarlo.
El modelo de la familia y los roles sociales de sus integrantes se hace cada vez más universal y cada vez menos rígida.
Una boda feliz busca recordarle este principio a su audiencia desde el formato de una comedia de enredos, que en principio parece inofensiva, pero que tiene un costado sociológico en medio de sus diálogos hilarantes.
Una boda feliz, a su manera, rememora que la familia postindustrial sigue estando fundada en el respeto recíproco y en un amor que colabora en aceptar a sus miembros con sus virtudes y defectos.
Promueve la idea de que siempre debe existir, a lo interno de todo clan, un ambiente democrático de aceptación y comprensión hacia el otro, sin espacio para el desprecio y la discriminación.
Personajes
Una boda feliz defiende el derecho a ser feliz a través de una pequeña galería de personajes simpáticos: el donjuán Henri (Diego de Obaldía), el actor fracasado Dodo (Hugo Víctor Rodríguez) y el audaz abogado Norbert (Ángel Ramos), quienes más por ambición que por una real convicción, aprenden a ser tolerantes con la homosexualidad.
A este trío de amigos, en busca de obtener una herencia, se les une Edmond (Edwin Cedeño), el apacible padre de Henri, que a su vez tiene un secreto por revelar, y Elsa (Carla Ameglio), uno de los motivos amorosos del hijo de este y el elemento inocente dentro de esta ecuación.
Los actores se sienten cómodos en sus respectivos personajes, transmiten una buena química entre ellos y nadie busca robarle escena al colega.
Este correcto montaje, dirigido con soltura por el maestro istmeño Edwin Cedeño, se presenta hasta el martes 10 de junio en el teatro La Estación, ubicado en la vía España, cerca de la estación del metro de la vía Argentina.





