Hace cinco años abrió sus puertas el hotel Las Clementinas en el Casco Antiguo, que fue la nueva ciudad de Panamá, fundada en 1673, tras los ataques del pirata Henry Morgan.
Las Clementinas es un imponente edificio blanco de cuatro pisos, en una esquina, diseñado por el arquitecto peruano, Leonardo Villanueva Meyer, al estilo de la arquitectura neocolonial francesa.
La edificación en la esquina de calle 11 y avenida B tiene un hermoso diseño que atrae la mirada de los transeúntes. Es imposible no mirarlo.
Sin embargo, no es nada comparado con lo que hay dentro de la edificación. Al entrar por la parte del hotel, hay un jardín cuya pared es parte de la muralla que protegía la ciudad de Panamá en aquel tiempo.
Luego hay otros varios espacios: un jardín con tablas, que es donde estaban las caballerizas; y otro jardín que conserva los elementos básicos originales, como la fuente y las bancas.
LA HISTORIA
Doña Clementina, de la provincia de Los Santos, era conocida como “Mamaclemen” y aprovechó el auge que había con la construcción del Canal a principios de la década de 1900 para hacer negocios.
Se trasladó a la ciudad y construyó dos edificaciones, una que sería su casa y otra en donde tuvo sus negocios de alquiler de apartamentos y una joyería.
Los patios internos de Las Clementinas están rodeados por la muralla que protegía la ciudad de Panamá, para evitar los ataques de los piratas. Esta muralla obedecía a los lineamientos de la corona española.
A mediados del siglo XIX, debido al crecimiento urbano y la pérdida de interés en políticas defensivas, ya en desuso, se abrió la ciudad y se tumbó una gran parte de las murallas.
Los terrenos en los que estaban estas murallas originales fueron vendidos para desarrollar nuevas edificaciones y se perdió el concepto de la ciudad intramuros.
El sitio
El patio principal, en donde está el jardín central de Las Clementinas, fue utilizado hasta 1907 como caballeriza (ver foto).
En ese año el terreno fue vendido por el gobierno del presidente Manuel Amador Guerrero a Ramón Arias Diez, con la condición de que ese espacio no fuera destinado a otro uso que al de la construcción o cultivo de un jardín.
En cuanto a esta restricción, los propietarios actuales de Las Clementinas se han propuesto mantenerla para el beneficio de sus visitantes.
El segundo patio que da acceso a los salones privados permite una apreciación de cerca de la muralla de la ciudad. La joyería y casa de empeño operó en estos locales hasta la defunción de doña Clementina en 1990.
Posteriormente, con el fallecimiento de Clementina, el conjunto de casas fue vendido y el producto de su venta legada, entre otros, al Convento de las Carmelitas Descalzas de Inglaterra.
Tras pasar por varias manos, los terrenos y casas fueron adquiridos por sus actuales propietarios.
LAS NUEVAS CLEMENTINAS
Tras la restauración a cargo de Hache Uve, S.A., el sitio funciona como un hotel y restaurante.
Durante el análisis arquitectónico, histórico y gráfico del edificio, previo a su restauración, los diseñadores decidieron conservar la estructura de concreto, ya que sus vigas y columnas estaban intactas. Sus arquitectos buscaron reutilizar estas estructuras como parte integral del diseño.
Esto ayudó a que se dejara la misma distribución que tenía el edificio de apartamentos de doña Clementina, desarrollándose en la planta baja locales comerciales rodeados de abundantes jardines, habitaciones tipo apartamentos en los niveles superiores y áreas comunes, rodeado por una terraza abierta en la azotea.
Esta terraza es una de sus principales atracciones, ya que se puede apreciar el contraste del mar, los edificios y el resto del Casco Antiguo.
De acuerdo con los arquitectos, la intervención fue cautelosa preservando la estructura de hormigón original.
Se reconstruyeron las losas de madera para obtener un ambiente similar al que tuvo el edificio cuando se construyó.
La restauración implicó un proceso de trabajo no solo a nivel de planos constructivos, sino también en obra para poder asegurar que la restauración fuese integral en términos del método constructivo y acabados fieles al edificio original.
En los interiores los ambientes mantuvieron su estilo clásico y fue posible recuperar muchos de los acabados históricos de las áreas comunes, como lo son las escaleras, cocinas y baños.
El área comercial fue diseñada como un restaurante con un concepto del Panamá del cambio de siglo y resaltando siempre la antigüedad del edificio.
El restaurante ofrece platos entre $8 y $29.
El hotel ha mantenido esta estructura inalterada, por esta razón la amplitud de sus habitaciones y salones.








