Una difícil cuestión ha sido lanzada a la palestra por estos días: un encarnizado debate intelectual y económico ha traído la reciente apertura de la retrospectiva del artista británico Damien Hirst en la Tate Modern de Londres, la cual se mantendrá abierta durante los Juegos Olímpicos de 2012, que empiezan a finales de julio en esa ciudad.
De esta forma, Gran Bretaña mostrará la obra de quien ha sido considerado uno de los artistas más importantes de la actualidad.
Para abordar la discusión sobre si sus polémicas obras compuestas de cadáveres disecados y calaveras son arte o no, hay que remontarse hasta los orígenes del término.
La palabra arte tiene sus más antiguas raíces en el término griego techné , que luego pasó al latín ars y que ya Aristóteles describía como “una acción a partir de la cual el hombre produce una realidad que antes no existía”.
Los griegos utilizaron el término para referirse no solo a las bellas artes, sino a cualquier producción que deriva de la acción humana para crear algo, desde embarcaciones hasta zapatos, y no solo obras artísticas. Por supuesto, estos objetos solo existen en la medida en que alguien ha decidido o elegido crearlos. “Todo arte versa sobre la génesis, y practicar un arte es considerar cómo puede producirse algo de lo que es susceptible tanto de ser como de no ser y cuyo principio está en quien lo produce y no en lo producido”, dice el filósofo en su Ética a Nicómaco.
Tomando a conveniencia esta noción del arte como elección y de la superioridad de la idea por encima de la estética del objeto en detrimento de construcción manual, Hirst ha convertido dichos postulados en el sostén de su “creación”. Por eso ha realizado obras como “La imposibilidad física de la muerte en la mente de alguien vivo”, en la que suspendió un tiburón muerto en formol; “Madre e hija, divididas”, una vaca y su cría divididas en dos partes cada una con un espacio entre medio para recorrer sus vísceras; o “Mil años”, en la que el ciclo de la vida es representado por una cabeza de vaca sangrante y moscas.
Vendidas por cientos de millones de dólares, el papel del artista es solo pensarlas y planear sus operaciones comerciales. VEA 2B

