La última palabra

Catarsis estadounidense

Catarsis estadounidense
Joe Biden presta juramento como el 46° presidente de los Estados Unidos por el presidente del Tribunal Supremo, John Roberts. AFP


Entender Estados Unidos sin sus causas imperiales y su hegemonismo. Lo vivimos y lo sufrimos con la Zona del Canal, en la mitad del Istmo panameño.

Biden desempolva sus valores íntimos, de cómo se organizó aquella nación, que no puede ser ignorada, ni siquiera por Cuba, que sigue lamentando el embargo/bloqueo económico.

Es la religión cívica de Estados Unidos, que estuvo en segundo plano en los cuatro años del periodo Trump, en el que destacaron división, vapuleo y rencor entre sectores estadounidenses internos, y adicionables aquellos con las vecinas Canadá y México, y ni qué decir de las potencias de Asia y Europa.

Una quincena después del asalto al Capitolio, llámele insurrección, ocupación (invasión interna), golpe o rebelión. Elija su sustantivo. Frente a ese Capitolio, sede de la democracia EUA, toma posesión un señor de 78 años, más de la mitad de su vida dedicada a la política, y recuerda el catecismo de la nación: oportunidad, seguridad, libertad, dignidad, respeto, honor y verdad.

¿Por qué ese recorderis que debe estar en las venas de los estadounidenses, con una organización republicana que está por completar 250 años, mayor que las más antiguas de Latinoamérica?

Admite, sin maquillajes, que las fuerzas que dividen a la sociedad estadounidense son profundas y reales. Es volver a ver las imágenes de la ocupación del Capitolio, donde murió un oficial policial y otras cuatro personas, hecho impensable en aquella nación, aunque común en otras. Ocupación instigada desde la Casa Blanca por su predecesor. ¿Qué pasará con Trump y sus 74 millones de sufragantes (48% del voto del 3 de noviembre pasado)? Pregunto. Y me responden: Será olvidado en seis meses. ¿Será así?

Biden clama ante sus compatriotas a “empezar de nuevo”, unirse y armarse de esa religión cívica y de la democracia, su historia, su esperanza y sus capacidades de renovación y resolución.

Conciliador, constructivo. ¿Logrará reconciliar las fuerzas en pugna, visibles en el mandato anterior, y que se perciben en el actuar partidista, y que han rebasado esas organizaciones?

El presidente reconoce que la democracia es frágil, que es el poder que emana del pueblo, y que se apoyará en ella, esa democracia, para ofrecerle un nuevo rumbo al país para detener esa guerra anticivil.

En el asalto, destacaron los supremacistas blancos, cuyas células han estado siempre presentes y que cobraron relieve en la presidencia Trump. Biden prometió derrotarlos y luchar contra el racismo.

El discurso del gobernante fue de catarsis, aunque sin estridencia, sin venganza y sin heroísmo, y con el telón de fondo de la crisis económica y de la peor crisis sanitaria, que ha cobrado en diez meses la vida a 400 mil personas, con millones de enfermos.

Y el compromiso de esforzarse en llevar a cabo un plan anticovid, que incluya una vacunación masiva, que no logró su antecesor. Su manejo de la enfermedad le costó su intento de repetición de un segundo mandato de cuatro años, interpretan muchos analistas.

En sus primeras acciones, Biden guiñó a la comunidad internacional con el reingreso de Estados Unidos al pacto climático de París y a la Organización Mundial de la Salud (OMS), de las que Trump se desunió. Apeló al “poder del ejemplo”.