1922 fue el año en que, por primera vez, una mujer panameña publica un libro de versos: Nieblas del alma de la poetisa tableña Zoraida Díaz. A doña Zoraida, le correspondió una vida marcada por el sufrimiento. A los 17 años, se enamoró del entonces alcalde de Las Tablas, don Eleazar Escobar, con quien contrae matrimonio el 15 de septiembre de 1898. La pareja procrea al niño Heraclio Escobar Díaz.
La felicidad de la poetisa se trunca en la navidad de 1901, cuando su esposo fallece en Tonosí en una de las batallas de la Guerra de los Mil Días. Con profunda resignación bíblica, al estilo de Job, la poetisa lamenta la muerte de su esposo en el poema Deus dedit, deus abstutit (Dios me lo dio, Dios me lo quitó): “¡Señor! Él era justo y abnegado/ con tu amor y mi amor llenó su vida/ y dio paz a cada alma adolorida/ y fe y consejo a cada descarriado./ Por defender tu nombre, fue soldado,/ y en lucha desigual enardecida/ cayó por siempre con la frente herida/ en un gesto de clásico cruzado”.
Unos meses después (julio de 1902) dio a luz a una niña que no conoció a su padre, cuyo nombre fue María Luisa del Carmen, quien fallece al año siguiente. Doña Zoraida Díaz se da dos oportunidades más para buscar la felicidad a través del amor, las cuales fueron frustradas por la muerte. Contrae nupcias con el comerciante español Pedro Ross (1915), quien fallece poco después de la boda y, por último, se casa con el ruso Mendel Schtronn, quien también fallece al poco tiempo.
Por aquellos días, la mujer estaba supeditada a un segundo plano, por lo que doña Zoraida estima que gran parte de sus sufrimientos tiene su génesis en su condición de mujer, lo cual expresa en el poema Deseos: “Quiero ser rosa… botón:/ ser celaje, rosicler,/ ser todo… menos mujer/ con memoria y corazón”. Las estrofas finales, con una semántica plena de apetencias, demuestran ansias de libertad femenina en un mundo machista, aunque sin atacar al género opuesto: “Ser ola muerta en la playa,/ ser rosa que se desmaya/ después de vivir un día./ Ser toda yo pensamiento/ y disolverme en el viento/ en busca tuya… ¡alma mía!”.
Su poesía también contempló el afán didáctico de una maestra rural que ni siquiera soñó con los adelantos de nuestra época, por lo que usó su poesía como recurso para enseñar, tal y como lo advertimos en el poema Cuento, que pudiera ser considerado como caldo de cultivo de la literatura infantil panameña, motivadora y promotora de valores: “Niños/ el cuento que os he contado/ enseña una gran verdad/ que aún en la ancianidad/ no existe felicidad/ si no se ama y no se es amado”. Como maestra se desempeñó con eficiencia, como lo confirmó el entonces secretario de Instrucción Pública de Panamá, don Nicolás Victoria Jaén, cuando manifestó que las alumnas de la maestra Zoraida Díaz: “contestaron muy bien, dando con ello muestras de que la directora es competente y contraída”. Doña Zoraida también fue directora de la escuela de niñas de Las Tablas, donde las niñas sobresalían debido a: “su disciplina, que reinó en la visita y el despejo y corrección con que contestaban las niñas al ser interrogadas”.
Además de poetisa, doña Zoraida también se distinguió como impulsora del feminismo en Panamá, pues como nos indica don Oscar Velarde Batista: “En el año de 1926, fue la representante panameña ante la intelectualidad femenina americana que se dio cita en la ciudad de Panamá, al conmemorarse el primer centenario del Congreso Bolivariano”.
El primer centenario de Nieblas del alma es un momento especial para resaltar la figura de esta mujer panameña quien, a pesar de las condiciones adversas que la rodearon, supo desplegar su capacidad humana para, en versos, crear una visión sociohistórica del Panamá de la época, en que las féminas empezaban a clamar para ser reconocidas en un mundo machista. Las aristas temáticas, presentes en sus versos, tocan una variedad de temas, que merecen un estudio más profundo que nos conducirá a un mejor conocimiento de nuestra literatura.
El autor es profesor

