PALABRAS E IMáGENES

El cine y la literatura, dos expresiones artísticas

El cine y la literatura, dos expresiones artísticas
El cine y la literatura, dos expresiones artísticas

Ya lo había pronosticado Liev Tolstói: “ya veréis cómo este pequeño y ruidoso artefacto provisto de manubrio revolucionará nuestra vida: la vida de los escritores”.

Desde el mismo nacimiento del séptimo arte, se supo que este invento iba a causar admiración y odio por igual entre los autores.

Hay narradores que adoran tanto el cine como expresión, que sus libros serían muy distintos si no hubieran sido seducidos por los claroscuros del celuloide.

Ejemplos van desde la obra de Guillermo Cabrera InfanteGabriel García Márquez y Henry Miller, pasando por la de Manuel Puig y Raymond Chandler.

En la otra esquina del cuadrilátero están aquellos creadores que desconfían de las historias llevadas a la pantalla grande, que no la califican ni siquiera como arte mayor, quizás la ven más cercana a la categoría de artesanía en un sentido peyorativo, como fue el caso de Antonio Machado a Marguerite Yourcenar (aunque ella tuvo una época que adoró el cine).

Bueno, en el festival literario Centroamérica Cuenta 2019, que se desarrolló durante la pasada Feria Internacional del Libro de Costa Rica, me encontré con dos novelistas que admiran este medio artístico: el español Ray Loriga y la argentina Claudia Piñeiro.

El cine y la literatura, dos expresiones artísticas
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Acuerdos

Ray Loriga y Claudia Piñeiro están claros que el formato libro y el audiovisual son dos jarrones distintos donde poner una trama y por eso es injusto cuando hay quejas de parte de los lectores. Porque cada cual tiene sus reglas y sus características a la hora de contar una historia.

Por lo que ninguno de los dos narradores se molesta demasiado si un director o un guionista o un productor, o los tres, le hacen cambios a sus libros cuando los envían rumbo a las salas de cine.

Es más, Loriga y Piñeiro son francos en algo más: si no quieres que toquen tus textos, si deseas que los respeten al 100%, entonces no caigas en la tentación de vender los derechos de tus libros para que sean trasladados a la pantalla luminosa, o bien toma la cámara y filma tu propia producción.

Cuando Loriga dirigió la intriga policial La pistola de mi hermano (1997), se basó en un libro suyo. “Hice lo que quise. El novelista no podía quejarse”, sonríe.

Cuatro novelas de Claudia Piñeiro se han convertido en películas: Tuya, Betibu, Las viudas de los jueves y Las grietas de Jara. “Algunos realizadores hicieron énfasis en los personajes y en otros casos en los argumentos. A veces es el espectador quien más se molesta con estos cambios, porque lo que observan en la pantalla no es la película que hicieron en sus propias cabezas”.

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De menos a más

Ray Loriga y Claudia Piñeiro están de acuerdo en otro punto: es más fácil rodar una buena película de una novela de menor calidad, que hacer una obra maestra de una obra mayor de la literatura universal.

Ray Loriga destaca el método de trabajo del director y productor Alfred Hitchcock. “Él usaba novelas de clase b, que no eran tan populares o admiradas por el público y los críticos, y las elevaba a categoría de obras maestras del cine. Es difícil hacer lo contrario”.

Loriga rememora que mejor le quedó al escritor Ray Bradbury su libro en el que cuenta su relación con John Huston, que la adaptación cinematográfica que hizo de Moby Dick para este director.

Claudia Piñeiro recuerda que en Argentina hay un caso curioso de cómo una misma trama queda bien en el cine y en letra impresa. Marcelo Figueras escribió, junto al director Marcelo Piñeyro, el guion del drama familiar Kamchatka (2002). Ese mismo año Figueras hizo una versión literaria de esta cinta. A Piñeiro le encantó tanto el filme como el resultado de la obra narrativa.

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Descanso divertido

También a Ray Loriga y a Claudia Piñeiro les gusta escribir guiones entre elaborar una novela y otra, porque es una labor colectiva, ya que interactúan con el director o el productor de los filmes, mientras que escribir una pieza narrativa siempre es un acto solitario.

Saben de lo que hablan, ya que Loriga tiene 10 guiones entre cortos y largometrajes (más 11 novelas y cuatro libros de relatos) y Piñeiro tiene ocho entre películas y series de televisión (más 15 novelas y cinco textos teatrales).

“Hacer un guion o una obra de teatro tiene una energía especial y diferente. Estoy escribiendo ahora una serie para Netflix junto con otro colega. Tenemos unas 50 páginas escritas. Te mantiene en movimiento”, resalta Piñeiro, quien admira series de televisión como Mad Men, Breaking Bad y Los Sopranos.

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