La décimo novena edición del Panama Jazz Festival (PJF, por sus siglas en inglés) concluyó ayer habiendo desarrollado la mayoría de su calendario de actividades, pero con algunas cancelaciones como las de los jam sessions de la medianoche y la posposición del clásico concierto al aire libre que suele cerrar el festival, debido a la situación epidemiológica que atraviesa el país.
Si bien es sabido que la evolución de la pandemia del coronavirus trastocó el devenir del festival, que se inició el pasado lunes, ello no impidió que este evento llevara educación y cultura a la población, siempre acatando las normas de bioseguridad, tales como el distanciamiento físico y la reducción de los aforos de entre un 20% y un 30% en eventos como los conciertos vespertinos de la Plaza V Centenario. También se ofrecieron cursos o clínicas en las que se abordaron diversos temas de la industria musical, clases relacionadas al perfeccionamiento del talento artístico y sobre la historia del jazz y el papel de Panamá en su creación.
Precisamente este fue el tema central del festival con el lema Tocando la Ruta, un esfuerzo para resaltar las raíces panameñas del jazz, un género musical admirado por millones en el mundo.
El homenajeado este año fue el pianista panameño Frank Anderson, cuya trayectoria está marcada por tocar con los músicos cubanos Pedro Peruchín Justiz y René Hernández. En Nueva York Anderson tocó y dirigió varias grabaciones de Vicentico Valdés y trabajó con Marcelino Guerra y Polito Galíndez, entre otros.

También se celebró el X Simposio Latinoamericano de Musicoterapia, en el que expertos de este ámbito brindaron conferencias acerca del rol terapéutico de la música.
El director artístico del PJF, Danilo Pérez, se mostró satisfecho por la evolución del festival y agradeció al equipo organizador que, a lo largo de 19 años de existencia de este festival, lideró, junto a los voluntarios, un evento acorde a los tiempos de pandemia.
Pérez, quien un día antes del inicio del festival confirmó que salió positivo de Covid-19, también reivindicó que el evento anual no es un show en sí, sino una terapia poniendo en valor el potencial sanador de la música para el bienestar humano.
Adelantó que se tiene pensado como un plan a futuro, llevar el festival al interior del país para que los demás habitantes del país puedan disfrutar del jazz. Aún no se ha fijado una fecha para el concierto al aire libre que se tuvo que suspender por la pandemia.

