Una noche, hace tres años, Pedro Fernández retornaba en bicicleta de su universidad hacia su casa. Era su primer año de maestría y estaba a dos días de presentar una audición para la academia orquestal World Simphony de Miami, Estados Unidos.
Sorpresivamente, un auto lo arrolló y se dio a la fuga, dejándolo herido del tendón de su brazo izquierdo. En ese momento tenía 25 años.
“Pensé que no podría tocar más”, relata el percusionista sobre el episodio en el que vio incierto su futuro.
Por suerte, “la recuperación fue rápida”, afirma sobre el mes y medio en el que no pudo sujetar sus baquetas. “Y el volver a tocar fue mi terapia. Cerca de dos meses después, sentí que estaba en mi nivel”.
Confiesa que este suceso ha sido el más difícil de su vida en Estados Unidos; al darle la vuelta a la moneda, asegura que su ingreso a la Orquesta Sinfónica de Cincinnati, una de las más prestigiosas de Estados Unidos (EU), ha sido el momento más feliz y satisfactorio, tras la interesante revisión y retrospectiva por las pruebas que ha tenido que realizar antes de llegar hasta este momento: casi 20 audiciones.
“Inicialmente, nadie está acostumbrado al rechazo, pero es algo a lo que uno se vuelve inmune. Fueron 20 audiciones y solo 2 en las que me aceptaron. En la primera escuela de maestría en la que apliqué y en un festival en el que no me hayan aceptado, fue muy difícil”, confiesa.
¿Cuál fue el día más feliz que has tenido con tu instrumento?
Uno de los más felices fue la primera vez que toqué como solista con la Orquesta Sinfónica Nacional. Presenté el Concierto para violín en la menor de Bach adaptado a marimba. Tenía 15 años.
¿Y la pieza más difícil de interpretar?
Solo de vibráfono, de Phillipe Manoury. Tenía 22 años y no estaba muy anuente de mi nivel. Desde entonces, no he intentado tocarla de nuevo. Aquello simplemente me abrió los ojos para darme cuenta de que no estaba allí todavía, y me ayudó a pensar en un repertorio de acuerdo con mi habilidad.
oportunidad
Hace una semana, Pedro recibió la noticia de su permanencia en la orquesta del Ballet de Houston.
“En cada orquesta, cuando se gana una audición, se pasa un período de prueba, y tanto en el Ballet de Houston como en la sinfónica de Cincinnati el período de prueba es de un año, por lo que pedí una licencia sin sueldo”.
Ahora Pedro tocará más, y a diferencia del trabajo a medio tiempo que ha desempeñado en el ballet y por el que ha sido remunerado por servicios profesionales, tendrá un salario fijo por todo un año, y más importante aún, toda la atención del público.
“Cuando se es parte de la orquesta de un ballet, naturalmente la atención es para el cuerpo de baile. Pero aquí el asunto cambia”, dice.
comienzo
A los 8 años Pedro tuvo en sus pequeñas manos las baquetas del primer instrumento de percusión que conoció. Era un redoblante de la banda del Instituto Episcopal San Cristóbal.
En 1997 ingresó al Instituto Nacional de Música, donde se preparó hasta 2006 cuando obtuvo su beca para realizar su licenciatura en percusión en la Universidad Sam Houston, en Texas, y una maestría y doctorado en la Frost School of Music de la Universidad de Miami.
Sin embargo, antes de todo aquello, Pedro se vio presionado a estudiar la carrera de ingeniería industrial, en la que estuvo por dos años.
“Mi familia estaba totalmente en desacuerdo con que me dedicara a la música, porque pensaba que mi estilo de vida sería incierto. Pero dependía de mí salir del país. Uno puede hacer lo que le gusta y fracasar, como también se puede hacer lo que no le gusta e igualmente fracasar. Mis padres -un ingeniero civil y una corredora de seguros- siempre me han apoyado, pero hubo escepticismo”.
Al enterarse de la trayectoria de la orquesta, ambos empezaron a entender “que no era un juego ni un relajo”, afirma.
Hoy, después de ocho años de residir en Estados Unidos, Pedro confirma que “es muy difícil vivir de músico en cualquier país del mundo”.
“Hay más facilidades y apoyo en Europa y en Asia. En EU, la sinfónica de Cincinnati es una orquesta privada y su sustento está basado en donaciones de patrocinadores o personas privadas. En Panamá es difícil convencer de la relevancia de la cultura, y es más fácil que el Gobierno decida una partida mayor para que el músico no esté en aprietos. Hay mucha inestabilidad e incertidumbre”, dice.
Finalmente, le adjudica una tarea al público para el acercamiento y entendimiento de la música instrumental, en especial, la percusiva: discernir cuál es buena música.
“Eso haría más fácil el trabajo para la música instrumental, que un tema o salto en la escala representa algo o que se busca emular algo en cierto pasaje cada vez que se escuche. Pero esa educación no existe aquí”.
¿Crees que aún existen estereotipos con la percusión en cuanto a su variante latina?
Sí. Desde los años 1920, la percusión ha tomado un papel importante en la orquesta, incluso antes. Los compositores han sabido explotar la capacidad de estos instrumentos. Beethoven, con sus escrituras para timpani, revolucionó la manera que se escribía para ese instrumento. En La sinfonía fantástica, Berlioz utilizó cuatro timpanis para simular una tormenta y Tchaikovsky, con la pandereta y los platillos. Son piezas que han revolucionado tanto, que se usan para parte del repertorio que se pide para una audición.
¿Y qué tal te llevas con los ritmos latinos?
Hace dos viernes estaba tocando salsa con un grupo en Houston.
