El escritor nacional Rogelio Guerra Ávila acababa de terminar la novela La muerte sin pensar en ella (premio centroamericano Rogelio Sinán 2018) y le gustó mucho el ejercicio de escribir una novela corta.
“De manera que quise intentarlo de nuevo y supe del Premio Sagitario de Novela Corta. Hace años había escrito un cuento cuyo escenario era el incendio de la antigua ciudad de Panamá por el pirata Henry Morgan, y quise hacer algo a partir de esa historia, hilvanándola con un suceso más acorde a nuestros días, como la invasión norteamericana en 1989”, rememora.
Entonces, en cinco semanas redactó Una corona con cantáridas. ¿El resultado? Ganó este certamen.
Argumento
¿De qué trata Una corona con cantáridas? “Un anciano, intentando esconder una vieja escopeta para evitar que los gringos en sus requisas a las casas la encontraran y pensaran que era él un miembro de los Batallones de la Dignidad, decide enterrar el arma en el traspatio de su casa”.
Al hacerlo, “descubre una corona y algunas joyas que pertenecieron a una virgen de la Asunción, que estuvo en una iglesia de la ciudad saqueada y que habían sido enterradas allí por un monaguillo indígena para salvarlas de los piratas en su ataque a la ciudad de Panamá en 1671”.
Rogelio Guerra Ávila
Novelista y cuentista.
La esposa de este personaje, la que sufre de demencia senil, “cumplía años el día de Navidad y a él se le ocurre coronarla como una reina, pues en su vida de escases fue poco lo que pudo darle a la mujer que amaba. En medio de los desórdenes de la invasión gringa, él y su esposa viven en un mundo ajeno a aquella tragedia que impactó a todo el país”.
Recuerda aquella invasión militar. Rogelio Guerra Ávila retornaba de la universidad y se había acostado a dormir. “Después de la medianoche mi hermano me despertó para decirme que los gringos nos habían invadido. Yo no le creía, pero el ruido de los bombardeos terminaron por convencerme. Fueron días difíciles para mi familia, como lo fue para las familias de medio país, quienes, en medio de la refriega, teníamos que inventárnosla para sobrevivir con la poca comida que en un principio hubo. En ese incidente fue asesinado un gran amigo y compañero de clases, Ricardo Arana, quien es un personaje mencionado en la novela”.
Ve con tristeza que para el Estado “la invasión norteamericana a Panamá es solo un hecho histórico que marcó un cambio en nuestro país, que llevaba de por sí un mal rumbo político y económicamente hablando, pero que con el pasar de los años se ha convertido solo en una fecha para recordar, con escasos homenajes a los caídos, con un nulo reconocimiento estatal a las familias que lo perdieron todo y sin demandas contra los norteamericanos para que en alguna forma paguen por todas las pérdidas que sufrimos”.
En nuestra literatura se ha tocado el tema “en varias ocasiones y con mucho acierto, pero siento que en estos trabajos la invasión de 1989 es tomada solo como un hecho referencial y vivencias de los personajes en ese punto histórico. Hace falta la pluma que escriba aquel suceso como lo que fue: un evento que marcó a la generación que lo vivimos y a las nuevas generaciones que poco o nada conocen del tema”.
También hace referencia a la ocupación estadounidense a la República Dominicana. “Quise poner al personaje femenino de la novela fuera de Panamá y República Dominicana es uno de los lugares más hermosos que he visitado. Esta ocupación a la isla ocurrió en el año que yo había escogido para que el personaje femenino conociera y se enamorara de Jerónimo Chirú, el panameño. Todo fue una feliz coincidencia. Esas son las coincidencias que me gustan y que aprovecho para darle a mis escritos el toque histórico que siempre llevan mis libros”.
