La deforestación de la Amazonía brasileña registró un récord semestral de 3.070 km2 entre enero y junio, según datos oficiales que aumentan la presión sobre el gobierno de Jair Bolsonaro para abandonar sus proyectos de apertura económica de la mayor selva tropical del planeta.
El área devastada marca un aumento de 25% respecto a los 2.446 km2 deforestados en el mismo periodo del año pasado, según el informe hecho con observaciones satelitales del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales.
Mariana Napolitano, gerente de ciencias de WWF-Brasil
“ El año pasado fue [en deforestación] un período fuera de la curva que no se debería repetir (...) Pero está empeorando”.
La extracción ilegal de madera, la minería y la ganadería en áreas protegidas son las principales causas de la destrucción, que en 2019 superó por primera vez desde 2008 los 10.000 km2, de acuerdo con otro sistema de observación satelital del Inpe, denominado PRODES.
El desmate parece proseguir imparable este año, a pesar de la presencia militar incorporada a la vigilancia ambiental y de la presión internacional y empresarial.
La tendencia enciende alarmas debido a que en junio se inicia la temporada seca, que es también la de los incendios de las áreas deforestadas, que provocan una doble preocupación, tanto por su impacto ambiental como porque las humaredas suelen provocar un aumento de las enfermedades respiratorias, que este año se darán en plena pandemia de coronavirus.
La Amazonía brasileña representa 60% del total de esa selva compartida por nueve países.
A fines de junio, fondos de inversión de Europa, Asia y Sudamérica pidieron al gobierno de Bolsonaro, que detenga proyectos que amenazan con acelerar la destrucción de la Amazonía.
