La directora mexicana María Novaro nunca se había propuesto hacer una película infantil, “y mucho menos me había imaginado dirigir a tantos niños juntos”.
Por eso, el filme de aventuras Tesoros (México), sobre un grupo de chicos que va tras el perdido tesoro del pirata Francis Drake en la costa mexicana del Pacífico, “fue un reto no solo porque eran muchos niños, sino porque eran de todas las edades”.
También fue un desafío porque quería contar esta historia “desde la propia mirada infantil; desde ese mundo suyo que se habita siempre desde la lógica del juego. Quería narrar el tiempo a su ritmo y construir mi relato desde su propia imaginación, que construye puentes constantes entre la fantasía y la realidad”.
Para garantizar la frescura y la autenticidad de sus jóvenes protagonistas decidió“no imponerles personajes ni nombres ficticios ni un guion, y mucho menos diálogos escritos previamente. Creaba las situaciones para que ellos mismos pudieran reconocerse en ellas y apropiárselas”.
Buscó crear un espacio de libertad durante el rodaje para que el relato “tuviera la dinámica que ellos mismos le fueran imprimiendo. Les susurraba ideas al oído, que podían tomar o dejar. Yo tomaba notas constantemente y los encaminaba. Jugaba con ellos siguiendo algunas reglas como se hace en cualquier juego: como la de que ‘quien mire a cámara, pierde’ en el juego de filmar”.
María Novaro trabajó, por supuesto, desde algunas certezas. Filmar a dos cámaras y con luz disponible, por ejemplo. Así como no hacer ensayos ni mecánicas previas. “Evité a toda costa que memorizaran los textos, que les iba presentando sobre la marcha”.
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